El secretario general de CCOO en Baleares, José Luis García, explica a este digital que "está claro que ahora sufrimos una doble crisis aquí en las Islas, la crisis inflacionaria y la crisis de la vivienda". El hecho concreto de que en el mercado inmobiliario haya hoy por hoy "poca oferta" provoca que "los precios suban y además lo hagan muy por encima de lo que es la inflación". En esa misma línea crítica, denuncia que "no hay viviendas de alquiler o a la venta a precios asequibles". Todo ello hace que año tras año sea cada vez "más complicado" poder tener unas condiciones de vida "dignas" en las Islas.
La citada doble crisis se está viviendo en muchos hogares a pesar de que "a través de la negociación colectiva" se han podido firmar "buenos convenios" en los principales sectores de nuestra economía, "con subidas salariales muy importantes". Con todo, dichas subidas no han podido contrarrestar, al menos hasta ahora, unos niveles de inflación que en la actualidad se sitúan "prácticamente en dos dígitos".
"Para poder vivir en las Islas, la gente necesita hoy más de un salario, sobre todo en el sector servicios", recalca García, para añadir: "No son situaciones fáciles". Preguntado acerca de las posibles soluciones que a partir de esa realidad se podrían aplicar, indica que la primera sería hacer un "pacto de rentas", que CCOO "viene reclamando desde hace mucho tiempo" a nivel estatal.
Dicho pacto, que además sería "imprescindible" a nivel autonómico, debería llevarse a cabo entre "la Administración, los empresarios y los representantes de los trabajadores". En Baleares, por ejemplo, debería estudiarse si los precios de los alquileres podrían tener topes en "las zonas más tensionadas", que "prácticamente son todas en las Islas". También deberían hacerse más políticas de vivienda, "acelerando por ejemplo las viviendas sociales y los trámites administrativos". A modo de conclusión, García afirma que las distintas opciones deberían ponerse sobre la mesa, buscando las posibles soluciones "desde el ámbito del consenso y del diálogo social".
Tener un trabajo no garantiza hoy poder llegar a fin de mes. Este es el caso de Isabel, madre soltera, con tres hijos, de siete, seis y cuatro años. Trabaja como camarera en una cafetería de Palma y tiene 32 años de edad. "De mi sueldo, dependen mis hijos, pago una hipoteca y no llego a final de mes", señala. Asimismo, explica que no estaba casada con el padre de sus hijos y que se separó de él hace cuatro años y medio por "malos tratos". Sus ingresos mensuales son de unos 1.200 euros y paga 471 euros de hipoteca, sin contar los gastos de comunidad. "Para pagar la última factura del agua, tuve que pedir dinero prestado", reconoce.
Por el hecho de ser familia numerosa, tendría derecho a recibir una ayuda mensual de 100 euros. Sin embargo, no la está cobrando, pues como su expareja debía un dinero al Estado, "se lo están descontando de ahí". En estos momentos, Isabel no cuenta con ninguna ayuda más de la Administración. Con anterioridad a su actual empleo en una cafetería, trabajó en una panadería y en una empresa de limpieza al mismo tiempo. "He llegado a trabajar hasta en tres sitios a la vez para poder tener unos ingresos decentes y poder sacar adelante a mis hijos", recuerda.
"En la actualidad, mi nueva pareja me ayuda en lo que puede, mi tía y mi madre me dan a veces comida, y mi padre me hace pequeños ingresos", destaca. Además, sus hijos se quedan a almorzar en el colegio, porque cuentan con una beca de comedor. "He llegado a pedir ayuda a Cáritas, pero sólo puedes ir a buscar comida una vez cada quince días", prosigue Isabel. En ese contexto, considera que las instituciones deberían destinar más ayudas a las madres solteras.
La actual inflación está siendo un lastre muy pesado para su economía. "Con lo que han subido los alimentos, ya no me basta con 50 euros para toda la semana, cuando antes sí me bastaba", lamenta. "Si pudiera, buscaría un segundo trabajo, como he hecho ya antes, pero con los horarios que tengo ahora no puedo hacerlo", afirma seguidamente. Por último, indica que aún le quedan por pagar 36 años de hipoteca. "Durante la pandemia, hubo unos meses en que no tuve trabajo y estuvieron a punto de embargarme el piso, ya que llegué a deber seis cuotas, pero por suerte encontré otro trabajo y pude ponerme al día", concluye Isabel.
"Los meses en que veo que me quedan unos pocos euros en el banco, lloro casi de la emoción", ironiza, por su parte, Manuela, de 35 años de edad. En su caso, trabaja como cajera en un supermercado de Ciutat, está separada, tiene dos hijas -de siete y cinco años- y su sueldo es de unos 1.300 euros al mes. "Pago 870 euros al mes de alquiler, dos colegios concertados y dos comedores, y no tengo coche porque no puedo mantenerlo", subraya. Asimismo, reconoce que hay meses en que ha de pedir ayuda monetaria a su madre, normalmente de unos 100 euros, "sobre todo cuando se juntan las facturas de la luz y del agua".
Casos como el suyo no son una excepción. "No soy la única en una situación así, basta ver las caras de la gente por la calle", confirma. "Nosotros hablamos a menudo en caja con los clientes y muchos de ellos nos cuentan lo mal que están", dice con tristeza. A continuación, pone el ejemplo de una mujer que le confesó, entre lágrimas, que llevaba una semana comiendo sólo arroz, "para que le quedase dinero para poder pagar el alquiler". Teniendo en cuenta la difícil situación económica en que viven hoy muchas personas, Manuela considera que en general las ayudas institucionales están mal distribuidas.
"Tengo la suerte de que económicamente mi madre está bien y puede ayudarme, pero si no tuviera a mi madre, probablemente yo no comería la semana que no tengo a las niñas en casa", señala, para añadir: "Suena heavy, pero literalmente viviría del aire para poder darle de comer a mis hijas la semana que sí están conmigo". En esa misma línea argumentativa, Manuela indica que cuando ahora le llega el cumpleaños, le pide a su familia cheques regalo para "poder comprar ropa a las niñas". Las dos menores pasan una semana con ella y otra semana con su expareja. "Por lo que respecta a la alimentación, yo como muy sencillo para poder darle a mis hijas lo que necesitan", asevera.
Con anterioridad al inicio de la espiral inflacionaria, Manuela podía dedicar una pequeña parte de sus ingresos al ocio. "En aquella época, podía permitirme salir con mis amigas una o dos veces al mes, cenando por ahí y yendo luego a bailar", rememora. Ahora, en cambio, sale con sus amigas "ya cenada de casa" y va a bailar a algún local en el que no tenga que pagar una entrada. A nivel laboral, años atrás trabajó en una tienda de ropa y en una hamburguesería, entre otros sitios. "Estoy contenta con mi actual empleo, pero creo que es verdad que con un solo sueldo es muy complicado poder subsistir hoy en día", resume.
Los jóvenes se encuentran a menudo con otro problema añadido, que es el de no poder independizarse a pesar de tener un trabajo. Así nos lo corrobora Pedro, de 20 años de edad, que trabaja como camarero desde hace dos años en un bar de la capital balear. "En estos momentos estoy ganando unos 1.600 euros al mes", especifica. En la actualidad, vive con sus padres, si bien ya ha sopesado la posibilidad de irse a vivir solo.
"He ido mirando algunas ofertas y he visto, por ejemplo, que alquilar sólo una habitación de un piso cuesta ya entre 200 y 300 euros al mes, lo que ha hecho que aún no me haya decidido a dar el paso", concreta. "Ahora está subiendo todo brutalmente, menos los sueldos", sintetiza. Su percepción es coincidente con la de Manuela y con la de Isabel, en el sentido de que "la comida y la vivienda es lo que hoy está subiendo en mayor medida", una circunstancia que hace necesario "intentar ahorrar un poco más".
Por otra parte, Pedro valora positivamente las ayudas para el alquiler que ofrecen algunas instituciones. Aun así, si los precios de los alquileres no bajan a corto o medio plazo, que es lo que él desearía, seguirá conviviendo con sus padres. "Si además de que bajasen los alquileres, subieran también los sueldos, no me importaría", apostilla con buen humor.
A día de hoy, sin embargo, la realidad es que la inflación se resiste a irse, como esos viejos conocidos gorrones que de repente se presentan un día en casa sin haber sido previamente invitados y con el propósito de intentar quedarse a vivir con nosotros una temporada. El problema ya no es sólo que la inflación o los viejos conocidos gorrones no sean especialmente bienvenidos, sino, sobre todo, que además suelen dejar nuestra cartera y nuestra despensa casi vacías.
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