Carme recuerda que "teníamos que regresar el lunes pero fue imposible por el tiempo. La Guardia Civil nos aconsejó que nos quedáramos en Lluc y les hicimos caso. Menos mal, ya que los que decidieron bajar se quedaron atrapados con su coche a dos kilómetros de Pollença. Así pues, tuvieron que volver andando, con el camino repleto de árboles caídos. Llegaron totalmente congelados. Los niños pequeños lloraban de tanto frío que pasaban".
"Lo más duro de estar aislados fue que no sabíamos si alguien conocía nuestra situación. Era imposible contactar con el 112. Estábamos sin luz, sin agua ni calefacción. La incertidumbre de saber cuando nos podríamos ir nos hizo pasar muchos nervios", reconoce.
Carme sonríe al recordar que su pequeña "se lo pasó genial. Un hombre que se encontraba allí hospedado organizó actividades para que los niños estuvieran entretenidos. No faltaron las canciones". "Con el paso del tiempo, la gente empezaba a estar cada vez más cansada. Los había que comían en el restaurante mientras otros, como nosotros, habíamos traído comida de sobra".
"El martes tampoco pudimos bajar ya que la carretera estaba complicada. La Guardia Civil vino para ver cómo estábamos. Evacuaron a una familia, a una camarera que se había caído y a una chica embarazada", subraya.
Carme, Fede y su hija ya están casa. "Esta mañana -por el miércoles- hemos celebrado la salida del sol. Alrededor de las 10:30 horas nos han venido a recoger. Me ha llamado mucho la atención que, cuando bajábamos, había muchos coches que hacían el camino a la inversa para ir a ver la nieve que nos había aislado durante dos días a nosotros".
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