El 64 por ciento de los hijos de mujeres víctimas de violencia de género presencian las agresiones perpetradas por las parejas o exparejas de sus madres contra estas, un tipo de violencia al que uno de cada cinco menores españoles ha estado expuesto de forma repetida. Los hijos de la víctima están presentes en alrededor del 70 por ciento de los asesinatos machistas, es decir, en casi tres de cada cuatro situaciones de estas características.
Así se refleja en el estudio 'Menores y Violencia de Género', elaborado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid. Sus datos coinciden con los divulgados por la Fundación Mujeres, desde donde han señalado a la Agencia EFE que los hijos de la víctima están presentes en alrededor del 70 por ciento de los asesinatos machistas.
Estas han sido las circunstancias que han estado presentes en el último crimen por violencia de género de 2023, perpetrado el pasado domingo 8 de enero contra una mujer de 46 años en Adeje (Tenerife), asesinada a manos de su expareja delante de, al menos, uno de los cuatro hijos menores de edad de la víctima. El menor resultó herido al tratar de defender a su madre.
De hecho, la violencia de género ya ha dejado 382 menores huérfanos en España desde que estos casos se empezaron a contabilizar, en 2013. Solo en 2023, año que acaba de empezar, ya son cinco los menores que han perdido a su madre a causa de este tipo de violencia.
Estos menores "son víctimas directas de la violencia de género", reivindica a Efe Fanny Sánchez, experta en Psicología Clínica y psicoterapia breve con Infancia y Adolescencia, y miembro de la Asociación de Psicología y Psicoterapia Feminista.
"Es un suceso traumático, por lo que todo lo que le va a pasar a estos niños a partir de ese momento va a estar relacionado con dicha vivencia. Pueden desarrollar una sintomatología asociada al trastorno de estrés postraumático", concreta la psicóloga.
Sánchez hace hincapié en que estos menores no solo pierden a su madre, sino que "desaparece todo vínculo primario", porque el asesinato lo comete su padre o su persona de confianza.
Esto genera "sensación de indefensión y pérdida de confianza, que se puede traducir en baja autoestima, estrés crónico, ansiedad, problemas de sueño, aislamiento, depresión o desesperanza", señala la experta, quien también destaca el "sentimiento de culpa por no haberlo podido evitar" y la vergüenza.
"Es un doble estigma para los menores, que de repente tienen un padre asesino y una madre víctima”, declara a EFE la Fundación Mujeres, desde donde resaltan que en la mayoría de las ocasiones estos niños no cuentan a su entorno social lo que ha pasado y optan por la "ocultación".
Por esta razón, la Fundación enfatiza la importancia de que los menores accedan a atención psicológica desde el primer momento, para lo que es necesario que sean reconocidos, junto a sus madres, como víctimas de la violencia de género de pleno derecho.
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