Pimem ha expulsado a Pimeco con el argumento del impago de cuotas. La patronal de la pequeña y mediana empresa de Mallorca acordó en asamblea hace una semana ratificar la expulsión de una de las asociaciones históricas de la entidad, aduciendo "motivos estatutarios" al afirmar que la Asociación del Pequeño y Mediano Comercio no abonada los pagos desde el 2018. Lo que en un primer momento fueron declaraciones contenidas por parte de los máximos representantes de ambas entidades -Jordi Mora de Pimem y Toni Fuster de Pimeco- ha derivado los últimos días en un conflicto que muy probablemente acabará en los tribunales tras el anuncio de impugnación por parte de Pimeco.
Fuster ha defendido que no había ninguna cuota establecida y que, en consecuencia, no son morosos, considerando ilegal e injustificada la decisión de la entidad que preside Jordi Mora. Sea como fuere, la expulsión no se entendería sin la creación por parte de Pimem de la nueva asociación Pimem-Comerç, cuyos intereses y objetivos coinciden de pleno con los de la ahora expulsada Pimeco. Jordi Mora desvincula ambas circunstancias, aunque argumenta que había una demanda de los pequeños comerciantes de trabajar "con una sola asociación". Y visto lo visto, ninguna mejor que la suya propia.
Desde la llegada de Mora a la presidencia, Pimem ha impulsado la creación de sus propias asociaciones sectoriales. Así, Pimem-Comerç se ha unido a Pimem-Restauració y a la Associació de Petits i Mitjans Hotels de Mallorca, en una estrategia enfocada a dar respuesta específica a los empresarios de estos sectores que no quieran ser representados por asociaciones de mayor calado, como CAEB-Restauración o la propia FEHM.
Esta estrategia de Pimem se extiende a los autónomos a través de Conpymes, una entidad creada hace un año y que a nivel nacional pretende hacerle sombra a la histórica Cepyme y a ATA, dedicadas a la pequeña y mediana empresa y a los autónomos, respectivamente. Mora es el vicepresidente cuarto de esta nueva patronal.
Habrá que esperar para ver si esta estrategia va más allá de los personalismos o del mero control de la representación ante terceros -sin olvidar la recaudación de las suculentas cuotas de los asociados-, pero en el caso del comercio, el conflicto llega en el peor momento para el sector. Hace ya mucho que el pequeño comercio de Mallorca se enfrenta a amenazas como el aumento de las ventas online, la proliferación del top-manta, la salida de la pandemia -en muchos casos con la obligación de devolver créditos- o las dificultades crecientes para que los clientes accedan a determinadas zonas de tiendas en el centro.
A estos obstáculos se suma ahora la incertidumbre de la profunda crisis que se anuncia a partir de otoño. Es ahí donde deberían centrarse los esfuerzos de quienes representan a los comerciantes, en vez adentrarse en una espiral de conflictos que aportan escasa tranquilidad al sector.
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