Bogdan Tsupryk se marchó de su Ucrania natal con apenas 16 años de edad, en 1998. Desde hace algo más de una década, en 2010, reside en Mallorca, de donde es su esposa y donde ha nacido su hija. Sin embargo, pese a la lejanía, Bogdan vive con la máxima preocupación la espiral de violencia que está azotando a su país tras la invasión ordenada desde el Kremlin por parte del presidente ruso, Vladímir Putin.
"Era de madrugada. Estaban durmiendo, pero les despertaron los bombardeos. Las detonaciones provocaron que las ventanas empezaran a temblar. Para ellos, fueron momentos de un miedo indescriptible". Así explica a mallorcadiario.com Bogdan Tsupryk, ciudadano ucraniano residente en Mallorca, el impacto emocional y psicológico que ha supuesto para su familia y su círculo de amistades que viven, mayoritariamente, en Kiev, la capital de Ucrania, el comienzo de las hostilidades entre este país y su vecino ruso.
Bogdan también se encontraba en la cama cuando recibió la llamada de su familia alertándole de los últimos acontecimientos. El teléfono de su casa de Palma sonó al filo de las cinco de la mañana: "Era gente de mi familia. Me decían que los ataques habían comenzado y que, a consecuencia de esto, Kiev estaba siendo presa del pánico. Ellos optaron por quedarse en casa, esperando acontecimientos. Afortundamente, ningún pariente o conocido mío ha sufrido, por el momento, ningún tipo de daño personal".
Desde Mallorca, donde trabaja en un conocido establecimiento de ocio y restauración, este ciudadano ucraniano de 40 años de edad sigue con inquietud el desarrollo de la ofensiva rusa en Ucrania. Su deseo, según afirma a este medio digital, es que la gente de su país, y especialmente la de su entorno más cercano, "no sufran. En Ucrania vive el hermano de mi padre, junto a su familia, y también tengo ahí a una hermana. Mi madre, en cambio, se trasladó conmigo a la isla. Es un alivio saber que está bien y que se encuentra a nuestro lado, junto a mi mujer y nuestra hijita. Pero, como es lógico, me siento intranquilo por los parientes y amigos que están en Kiev. No quiero que les ocurra nada malo, ni a ellos ni al resto de mis compatriotas. Me duele ver que mi país está pasando por toda esta situación y mi único anhelo ahora mismo es que esta guerra acabe cuanto antes".
Para muchas personas, quizás desconocedoras de la realidad de Ucrania y del contexto en el que han ido evolucionado durante estos últimos años sus complejas relaciones con Rusia, la cuestión es dilucidar por qué ha estallado un conflicto armado, en el continente europeo, y en pleno siglo XXI. Bogdan Tsupryk tiene su opinión al respecto, aunque, ante todo, advierte de que no es "ni un político, ni ningún entendido en todas estas cuestiones. Pero, naturalmente, me he formado una idea personal de los motivos que han inducido a que haya guerra en mi país".
Bajo su punto de vista, la intención alegada por el Gobierno de Putin es que "desea, supuestamente, proteger a los habitantes rusohablantes de ciertas regiones de la presunta opresión de la que estarían siendo objeto por parte de Ucrania. Eso, por una parte. Por la otra, esgrimen la justificación de que pretenden liberar a Ucrania de la influencia extranjera. ¿Qué pienso yo? La verdad es que todos estos argumentos me suenan a excusa. Más bien, pienso que que su intención es quitarnos el territorio, porque su visión es que Ucrania forma parte de Rusia".
En Mallorca, Bogdan tiene amistades con miembros de la comunidad ucraniana residente en la isla. Y también con miembros de la comunidad rusa. De hecho, como él mismo señala, habla ruso "perfectamente. Y debo decir que entre nosotros, es decir, entre los rusos y los ucranianos que vivimos aquí, en Mallorca, no hay ningún problema ni ninguna rencilla. No los había antes y tampoco los hay ahora que ha surgido este conflicto. No todos los rusos piensan como Putin y sé que ha habido manifestaciones y protestas de ciudadanos de Rusia que no quieren la guerra y que exigen a su presidente que les deje vivir en paz. Desgraciadamente, su gobierno no lo ve de la misma manera".
El pasado mes de agosto, Bogdan Tsupryk viajó a Ucrania, de vacaciones, en compañía de su esposa y su hija. Fue la última vez que tuvo la oportunidad de desplazarse a su país. Viajar ahora lo considera "complicado. Al menos, será así durante un tiempo, hasta que se recupere cierta normalidad. A mi mujer le encanta Ucrania. Lo pasamos muy bien cada vez que vamos, y ojalá pronto podamos regresar para pasar unas semanas con la familia. Aunque viva lejos, no dejo de pensar en mi país y mi anhelo es que toda esta pesadilla termine cuanto antes".
El verano anterior, cuando Bogdan y su familia pasaron un tiempo en Ucrania, "nada hacía pensar que la guerra estaba tan cercana", asegura este mallorquín de adopción. No en vano, según cuenta, "se respiraba un clima de completa normalidad, y, de hecho, hasta la semana pasada, cuando ya circulaban muchas noticias en torno a la inminencia de una invasión por parte de Rusia, no me acababa de creer que esto sucediera. Sin embargo, este jueves, de madrugada, las bombas nos han despertado bruscamente y nos han obligado a afrontar cara a cara la realidad de una guerra que jamás debió haberse producido".
Bogdan es uno de los 2.135 ciudadanos de nacionalidad ucraniana que viven y trabajan en Baleares. En el conjunto de España, el contingente está formado por 112.034 personas. Muy parecidas son las cifras en cuanto a la comunidad rusa: 2.099 ciudadanos de esta nacionalidad están empadronados en el archipiélago y 95.239 es el registro a nivel nacional. Así lo recogen los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), recopilados por Europa Press y actualizados a 1 de enero de 2021.
En relación a la población ucraniana, el informe del INE destaca que 9.878 de estos residentes ya han nacido en España, frente a las 100.563 que lo han hecho en su país de origen. Igualmente, cerca de 1.600 personas disponen de esta nacionalidad, pero han venido al mundo en otros territorios.
Por géneros, la mayoría de estos residentes, el 52,2 por ciento, son mujeres (58.557), frente al 47,4 por ciento de hombres (42.006); mientras que, por rango de edad, el grupo más numeroso es el de los habitantes entre los 16 y los 44 años, que suman 58.287, es decir, más de la mitad del contingente global de 112.000. Les siguen los tramos de entre 45 y 64 años, que ascienden a 41.115 residentes; los menores de 15 años (8.731) y los de más de 65 años (6.895).
Los datos del INE también desglosan la población con nacionalidad ucraniana que reside en España por comunidades autónomas. El mayor volumen se registra en Cataluña, donde viven 23.619. En la Comunidad de Madrid, la cifra es casi idéntica: 23.356, algo por encima de la Comunidad Valenciana (21.780) y Andalucía (17.414).
A continuación, se sitúan la Región de Murcia (7.433), Castilla-La Mancha (3.947), País Vasco (2.527), Aragón (2.304), Baleares (que ocupa el noveno lugar del ranking, con 2.135 residentes que disponen de la nacionalidad ucraniana), Navarra (1.549), Castilla y León (1.406), Canarias (1.378), Cantabria (915), Principado de Asturias (859), Galicia (792), La Rioja (376), Extremadura (239) y, finalmente, con datos prácticamente testimoniales, las ciudades autóomas de Ceuta (donde apenas residenden cinco ciudadanos originarios de Ucrania) y Melilla (cuatro).
En cuanto a la comunidad rusa en el país, del contingente de 95.239 habitantes empadronados en alguno de los territorios de España, 62.108 (65,2 por ciento) son mujeres y 33.131, hombres (34,7 por ciento). El tramo de edad más numeroso, también en este caso, es el que va de los 16 a los 44 años (49.479 personas). Por su parte, el sector de población que engloba a los ciudadanos con nacionalidad rusa entre los 45 y los 64 años suma 27.700 residentes, mientras que 10.802 pertenecen al tramo de menores de 15 años y 7.258 tienen más de 65.
Al igual que ocurre con los originarios de Ucrania, la comunidad rusa reside de forma mayoritaria en Cataluña (29.236), pero en este caso el segundo territorio con una presencia más numerosa de ucranianos es la Comunidad Valenciana (23.386) y no la Comunidad de Madrid, que presenta un dato muy inferior (7.680), incluso por debajo del de Andalucía (16.166).
Por su parte, Baleares es la quinta autonomía con mayor presencia de ciudadanos rusos, con 2.909 empadronados, por detrás de Canarias (4.687), pero delante de País Vasco (2.057), Murcia (1.524), Castilla y León (1.262), Aragón (1.223), Galicia (1.137), Asturias (961), Castilla-La Mancha (945), Cantabria (751), Navarra (720), La Rioja (295), Extremadura (260) y las ciudades de Melilla y Ceuta, con 15 y siete, respectivamente.
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