Tras casi dos años cerrado en Baleares -en la práctica, desde el final de la temporada de 2019- el sector del ocio nocturno empieza a vislumbrar la posibilidad de una reapertura controlada. Con este objetivo se han iniciado esta pasada semana las reuniones entre el Govern y representantes del sector; unas reuniones que continuarán las próximas jornadas a fin de marcar las pautas que permitan la vuelta a la actividad de la forma más segura.
El sector quedó arrasado en Baleares tras la clausura decretada por el Govern. Ninguna otra comunidad autónoma fue tan tajante en las restricciones impuestas al ocio nocturno provocando unos efectos demoledores para el sector. De las cerca de 1.500 empresas dedicadas al mocio nocturno en las Islas, la pandemia se llevó por delante en torno a 500, la mayoría de ellas pymes, lo que afectó a los 20.000 empleos directos que genera este negocio en Baleares. Lógicamente, tras el cierre total la facturación también se desplomó de forma drástica al perder casi 2.000 millones de euros ingresos desde que se decretara la clausura.
Govern y sector trabajan ahora para reconducir esta situación, una vez que la quinta ola de coronavirus ya puede darse por superada en las islas -y en el conjunto de España- con una incidencia acumulada claramente instalada en la franja de riesgo bajo.
La importancia del ocio nocturno en el modelo económico balear -especialmente en Ibiza, pero también muy significativamente en Mallorca- es indiscutible. Los empresarios han destinado grandes recursos para mejorar instalaciones, atraer turismo de mayor poder adquisitivo y contribuir al cambio de modelo en destinos como Magaluf, donde grandes grupos han realizado inversiones acordes a las realizadas con el mismo objetivo por el sector hotelero.
Su reapertura -aunque sea en el tramo final de una temporada tan singular como la actual- debe contribuir, además, a erradicar la práctica del botellón callejero, única salida que, a falta de locales abiertos, han encontrado multitud de jóvenes que buscan diversión toda vez que se han autorizado las reuniones de no convivientes de madrugada sin haber ofrecido alternativas seguras para ello -sólo unas normas de uso de mascarilla y distancia social que no son fáciles de controlar-.
Siempre quedará la duda, precisamente, sobre si la quinta ola de coronavirus, que ha tenido en las reuniones sociales y familiares su principal foco de contagios, no habría sido más leve con los locales del ocio nocturno abiertos de forma controlada y segura. Especulaciones aparte, la realidad es que el sector empieza a ver luz al final del túnel, lo que repercutirá notablemente en la economía y ayudará a mejorar la oferta y la calidad de un destino turístico como Baleares.
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