El 23 de julio, María, una mallorquina que vive en Palma, recibe una visita de sus amigos de la península. Se quedarán unos días en la isla y ella, como gran anfitriona, decide enseñarles algunos de los mejores rincones de Mallorca para que disfruten de sus vacaciones.
Así pues, a las 9.45 de la mañana del día siguiente se presentan los cuatro en la estación del centenario tren de Sóller, junto a la Plaça Espanya. Allí compran unos billetes para viajar hasta el puerto de Sóller en el histórico tren de madera.
Durante aproximadamente una hora, los viajeros del tren disfrutan de las espectaculares vistas mientras la brisa les acaricia el pelo y el sol que entra por la ventana les broncea la piel. Pasan por diferentes zonas, pueblos y túneles, recorriendo la magnífica Serra de Tramuntana, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tras llegar a Sóller, trasbordan al tranvía que los dirige hasta el puerto.
Una vez en ahí, María y sus amigos se dirigen a la taquilla de Barcos Azules, donde, por un precio muy razonable, adquieren sus tiquets para ir en barca hasta Sa Calobra, una de las calas más bonitas del norte de la isla.
María observa a los viajeros del barco, y entre ellos encuentra una gran variedad de perfiles: familias con niños, parejas de enamorados, grupos de amigas, personas mayores, e incluso algún grupo de jóvenes que busca conocer la riqueza paisajística de Mallorca.
El barco marcha a las 12 del mediodía. Las vistas del puerto, del faro y de la playa de Sóller desde el barco son espectaculares, y no han hecho más que empezar. Tras salir del puerto e iniciar la ruta a Sa Calobra, un trayecto que durará aproximadamente una hora, la experiencia mejora todavía más. Ya sea desde la cubierta, donde la sombra y el viento refrescan a todos los viajeros, o desde la parte superior del barco donde el sol, la brisa y una cerveza fría acompañan a los turistas, las vistas hacia la sierra y el mar son inmejorables. Además, la tripulación de Barcos Azules se muestra muy atenta a todas las necesidades de sus viajeros, de modo que la experiencia es excelente.
Tras llegar a Sa Calobra, María y sus amigos pasan el día en la fantástica cala y disfrutan de las vistas, el agua cristalina y del paseo de la cala. Lo que más le gusta a Maria es el túnel que lleva de una parte de la cala a otra, que atraviesa una montaña y que cuenta con una iluminación ideal para las fotos. A sus amigos les encanta ver que la cala se encuentra al final del torrent de Pareis, entre dos montañas, haciendo del paisaje un lugar inigualable.
A las 16.30h vuelven al Barco para dirigirse de vuelta a Sóller. Si la ida ya les había gustado, la vuelta fue todavía mejor. El barco paró en Cala Tuent, otro lugar digno de visitar, y volvió al puerto. Allí, Maria y sus amigos probaron el famoso helado artesanal de Sóller, y tras esto, se dirigieron a Palma en autobús.
Fue un día fantástico, tanto para los amigos, como para María, que incluso siendo ella mallorquina y habiendo visitado Sa Calobra cientos de veces, quedó maravillada de las vistas y de la experiencia con Barcos Azules.
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