A lo largo de los doce meses de 2019, más de 84 millones de turistas extranjeros eligieron España como destino vacacional. De este contingente de visitantes, Baleares acaparó una cifra cercana a los 15 millones, de los que un 65 por ciento se decantaron por la isla de Mallorca. Con estas estadísticas en la mano, el archipiélago volvió a situarse como la segunda comunidad con más actividad y volumen de negocio en el sector turístico, solo por detrás de Cataluña y por delante del otro territorio insular, Canarias.
Todas estas estadísticas fueron dadas a conocer hace apenas unos meses. Sin embargo, la impresión que le embarga al lector en el momento de releerlas es que desde entonces ha transcurrido un período de tiempo muy largo. Varios años, incluso. Porque la realidad es que desde que el Covid-19 ha irrumpido en nuestras vidas, el balance de la actividad turística balear es igual a cero, y eso mismo ocurre en otros destinos punteros del mundo.
Esta demoledora e imprevista coyuntura aboca a las empresas de la principal industria de Baleares y de España a la necesidad de buscar alternativas para, al menos, salvar los muebles, como se dice coloquialmente. La Semana Santa de 2020 ya se ha perdido irremisiblemente. El coronavirus ha obligado a cerrar los hoteles y negocios de restauración, comercio y ocio ligados al turismo que ya habían comenzado a abrir sus puertas, a ejecutar ERTEs masivos en las plantillas de estas explotaciones, y a acoger con miedo y temor una temporada de verano que se presenta más incierta que nunca.
¿Volverá a ponerse en marcha el motor turístico antes de que sea demasiado tarde para aprovechar algunos de los meses más álgidos del mercado vacacional? Hoy en día, nadie está en condiciones de responder a esta pregunta, porque los condicionantes son tan numerosos y diversos, incluso antagónicos en algunos casos, que resulta imposible vaticinar qué horizonte económico y laboral nos espera.
Sin embargo, esto no significa que el sector turístico no busque alternativas. Al menos, en Baleares, esto es así, y también lo es en el conjunto de España. Es en este ámbito que hay que enmarcar las campañas que están empezando a gestarse tanto a nivel público como privado basadas en un lema tan explícito como sencillo: #quedateenEspaña
De hecho, en las redes sociales esta etiqueta es una de las más recurrentes en el transcurso de estos últimos días. Y, en general, existe la convicción de que el turismo doméstico o nacional puede representar una buena opción mientras no se recuperen los mercados tradicionales de las islas, que son el alemán y el británico.
De hecho, el proceso no será sencillo. Según advierte a mallorcadiario.com el presidente de Pimem, Jordi Mora, el sector turístico balear “será el último en recuperarse de esta crisis, porque no es suficiente con que se reinstaure la libertad de movimientos y la economía empiece a moverse. En el caso del turismo, habrá que recuperar primero la normalidad en la conectividad aérea, y, después, esperar a que los canales emisores habituales, Alemania y Reino Unidos, dejen atrás también los efectos de la crisis sanitaria”.
En este sentido, Mora opina que la alternativa de recurrir al turismo nacional “puede resultar efectiva y plausible. No hay duda de que en estos momentos resulta un as en la manga al que agarrarse con la idea de que la temporada no sea baldía en su totalidad, incluso aunque en posteriores años se vuelva a recurrir a los mercados referentes”.
De hecho, Pimem ya ha movido ficha en este sentido, y ha solicitado oficialmente a Catalina Cladera, presidenta de la institución que detenta la competencia de la promoción turística de la isla, el Consell de Mallorca, y al conseller ejecutivo de esta área en la institución insular, Andreu Serra, la elaboración de un plan estratégico que refuerce las posibilidades en este ámbito mediante nuevas inversiones.
En palabras de Jordi Mora, “hay que poner sobre la mesa las partidas que sean necesarias para apurar las opciones que ofrece esta temporada, y eso tiene que hacerse aunque sea a costa de recurrir a presupuestos de promoción que inicialmente iban a aprobarse en próximos ejercicios. El problema lo tenemos ahora, y hay que resolverlo, porque una temporada en blanco revestirá consecuencias funestas no solo para el sector turístico, sino para la economía balear en su conjunto”.
Ahora bien, los turistas nacionales ¿son, generalmente, unos buenos clientes para la industria hotelera y turística de las islas? La respuesta depende de la estadística a la que apelemos. Así, por ejemplo, los registros sobre las preferencias de los españoles a la hora de visitar otras comunidades autónomas distintas a la que residen no invitan precisamente al optimismo.
Según la actualización de cifras de afluencia de viajeros realizada por el INE en el tercer trimestre de 2019, Baleares ocupa la sexta posición en el ranking estatal… pero por la cola. Es decir, solo hay otras cinco comunidades con menos ‘tirón’ entre los españoles a la hora de elegir su destino vacacional, aunque, como es lógico, estas estadísticas pueden variar ostensiblemente de un trimestre a otro.
Por el contrario, la carta del turismo nacional parece representar una opción capaz de deparar buenos resultados con cierta inmediatez en otros territorios autonómicos. Este es el caso de Andalucía, que con casi 11 millones de viajeros procedentes de otras comunidades del país, encabeza el registro de predilecciones en el trimestre de referencia, por delante de Comunidad Valenciana y Cataluña, con 7,5 y 7,1 millones, respectivamente. La cifra que presenta Baleares dista mucho de equipararse a estos niveles de demanda: apenas 1,2 millones, aventajando únicamente a Murcia, Extremadura, País Vasco, Navarra y La Rioja.
Esta es la cruz de la moneda, por así decirlo. Pero también hay una cara, y es que, según el mismo estudio del INE, los turistas españoles que escogen Baleares para disfrutar de su periodo vacacional disponen de un poder adquisitivo relativamente elevado, por encima de los que eligen otras comunidades autónomas.
En concreto, la media de gasto diario de estos visitantes se acerca a los 67 euros, es decir, unos 25 por encima de la media nacional, establecida en algo menos de 43 euros. No en vano, el archipiélago lidera este ránking, por delante de Canarias, que le sigue de cerca con una media de 64 euros por turista y día. Las siguientes posiciones están ocupadas por Madrid y el País Vasco, mientras que Castilla y León, Castilla la Mancha y Murcia son las comunidades en las que menos dinero se gastan los turistas españoles que acuden a visitarlas.
Por su parte, y aún sin referirse específicamente a la cuestión sobre la conveniencia de potenciar el turismo nacional a Baleares como fórmula para reactivar la temporada turística, la presidenta de la organización patronal Caeb, Carmen Planas, ha defendido en una nota de prensa la necesidad de que el Gobierno central comience “a trabajar en un plan de reactivación económica” orientado expresamente a las islas, dada la magnitud que está implicando la paralización de la actividad productiva para el archipiélago. Este plan debe comenzar a aplicarse, según Planas, “a partir del mismo día en que finalice el estado de alarma”.