La llegada a Baleares de inmigrantes en patera desde el inicio de septiembre iguala la cifra de todos los llegados durante 2018. El fenómeno se ha incrementado de manera notable este año tal y como reconoce el propio Gobierno, cuyo delegado en Baleares, Ramon Morey, califica de "situación absolutamente excepcional" la vivida en las Islas por esta causa.
En lo que va de 2019, Baleares ha sido el destino de 345 migrantes indocumentados que han llegado en una treintena de pateras, principalmente desde Argelia. No es un fenómeno exclusivo de las islas, ni Baleares es el destino final que persiguen quienes se suben a una patera en el norte de África. Pero sí es de destacar la inflexión sufrida los últimos meses y el cambio de estrategia de quienes controlan el tráfico de seres humanos en la zona. Si antes las llegadas de pateras a Baleares se producían de forma aislada, ahora se producen prácticamente en grupos, como si se tratase de pequeñas flotas que en pocas horas acaban dispersadas por Formentera, Ibiza, Menorca o el sur de Mallorca. Como ejemplo de esta nueva situación cabe reseñar que en un solo día -el pasado martes- llegaron siete pateras a Baleares con, al menos, 56 personas.
De momento, el fenómeno no supone un problema social en nuestra comunidad. De hecho, el 75 por ciento de los inmigrantes llegados en patera ya han sido devueltos a sus países de origen. Pero sí sorprende la limitada capacidad de previsión y de gestión mostrada por las autoridades. No existen refuerzos policiales para las plantillas de aquellos lugares más proclives a la llegada de las embarcaciones, ni efectivos marítimos suficientes para actuar tras las localizaciones de pateras por los radares del sistema SIVE. Tampoco existe previsión a la hora de dotar espacios suficientes después de que los centros de internamiento hayan acabado saturados, dejando en libertad a los nuevos detenidos ante la incapacidad de ubicarlos (inmigrantes que hacen ver a sus familiares en el país de origen lo fácil que resulta llegar aquí y quedar en libertad perfectamente atendido).
No es lógico ni conveniente dejar que la situación se solucione por sí sola. Dejar la solución del problema a la ventura de un cambio de clima que haga el mar más desapacible o a que las mafias de trata de personas decidan otra estrategia no es la mejor opción. No hacer nada puede provocar un efecto llamada, que algunos ya intuyen y que sí llega a producirse sí acabará ocasionando serios problemas en nuestra sociedad.