"No hay turistas y los residentes no compran". Con esta afirmación resume el presidente de Pimeco, Toni Fuster, la situación del comercio en Palma durante el recién terminado mes de mayo.
Las cifras recogidas por la patronal del pequeño comercio son altamente preocupantes. La caída de las ventas no es homogénea en todas las zonas de la capital, pero en todos casos -con especial relevancia en las zonas tradicionalmente más comerciales- el dato es negativo. En la calle Sindicato, por ejemplo, las ventas han bajado un 25 por ciento en relación a mayo del año pasado. En la céntrica zona de Los Geranios, las tiendas han reducido sus ventas un 15 por ciento mientras que los bares han registrado una disminución de negocio del orden del 25 por ciento. En la zona del Born, el desplome de las ventas también ha sido de un 15 por cien.
Los datos van acompañados de una sensación general de cambio de tendencia en relación al año pasado, con mucha menor afuencia de clientes en las tiendas y escasa clientela en bares y restaurantes.
En pequeño comercio ha hecho un llamamiento al nuevo gobierno autonómico para que "ponga fin a la turismofobia que tanto daño nos hace". Es una llamada lógica si se tiene en cuenta que tiendas, bares y restaurantes basan buena parte de sus resultados anuales en la campaña veraniega alimentada por la llegada masiva de turistas. De ello depende la continuidad de un tejido productivo que emplea a miles de personas y contribuye notablemente al desarrollo económico de la capital.
Por ello tiene sentido reclamar, como lo hacen, medidas de apoyo que permitan potenciar una buena imagen turística de Palma, alejada de las actitudes de rechazo al turista que han proliferado las dos últimas temporadas.