Para alcanzar este acuerdo, se ha considerado que en el momento de los hechos, el procesado, ya en libertad, tenía las capacidades "volitivas y cognitivas considerablemente disminuidas pero no anuladas" al padecer un "deterioro cognitivo" debido a un "estatus epilépticos y una disfunción neuronal difusa".
Según ha aceptado, el pasado 22 de octubre de 2018, accedió al dormitorio de la mujer, encendió la luz y, sin mediar palabra, se abalanzó contra ella con un cojín para taparle las vías respiratorias. Sin embargo, la mujer logró zafarse y ambos cayeron al suelo. Ella se marchó arrastrándose por el suelo hasta el patio exterior de la vivienda para pedir ayuda, gritando "Socorro, ajuda, em vol matar! (ayuda, me quiere matar)". Mientras tanto, el procesado le pegaba puñetazos en la espalda.
Ya en el patio, el hombre la empujó contra un muro bajo y su esposa cayó contra el suelo. Ahí, le agarró fuertemente del pelo pero en este momento pudieron intervenir los vecinos.
La mujer sufrió distintas lesiones en la cara, ojo, nariz y en extremidades superiores e inferiores.