Basta pasearse por el centro de la capital y prestar toda la atención posible al entorno para constatar que las pintadas, dibujos y firmas abarrotan hasta el último rincón. "Es una lacra que debería convertirse en prioridad absoluta para el ayuntamiento pero no lo es", denuncia Àngels Fermoselle a mallorcadiario.com.
Desde la asociación conservacionista recuerdan que el Consistorio se comprometió a cumplir un acuerdo aprobado por unanimidad en el que se reconocía el "grave problema" paisajístico que provocan y se comprometía a prevenir, restaurar e investigar los autores de las agresiones. "Pero la realidad es que no vemos resultados, cada día aparecen nuevas y, lo que es peor: se mantienen las ya realizadas", apunta.
¿Y por qué no se limpian? Sencillamente, porque la competencia de Emaya no es absoluta: la empresa pública limpia las fachadas que son de su propiedad -como contenedores y papeleras- y las que se califican de odio (xenófobas, insultantes contra personas o entidades concretas ...). En el caso de las fachadas de edificios públicos que dan a la vía pública -por ejemplo, un polideportivo- se encargan los propios servicios de mantenimiento. En cuanto a mobiliario público (bancos, farolas ...) corresponde al área de Infraestructuras y en señales de tráfico a Mobilitat. ¿En una fachada privada?: Es problema del propietario. "Y así vamos, las hay que siguen ahí después de seis años", lamenta Fermoselle, subrayando el "efecto llamada" que ello conlleva. "Una pared inundada de garabatos es una invitación a los incívicos".
Para ARCA, este fenómeno es un "ataque" uno de los grandes "ataques a la ciudad" y exige protocolos también en educación. "Si haces rutas escolares para mostrar arte urbano sería conveniente enseñarles in situ lo que no lo es". Porque no es lo mismo el mural de Joan Aguiló en la estación del Tren de Sóller que un garabato con "nocturnidad y alevosía".
LA POLICÍA DESTINA PROFESIONALES A PERSEGUIR LOS GRAFFITIS
Desde el Grupo de Investigación y Seguimiento de Denuncias (GISD) de la Policía Local de Palma, competente en la persecución de estos y otros actos vandálicos, aseguran a mallorcadiario.com que la labor es constante y en un año han llegado a instruir diligencias penales de hasta 50 casos. Además de éstos, realizan cientos de identificaciones a través del estudio de cámaras, testigos y el contraste del catálago. "Rara es la semana en la que no nos comunican una o dos". Así, la diligencia llega al Grupo y uno de sus agentes, dedicado casi al completo a este asunto, estudia tipografías, formas, firmas, áreas de actuación... Para dar forma a la denuncia y ampliar el catálogo.
El Castell de Bellver y la Muralla del Baluard son dos de los objetivos estrella y el perfil, jóvenes de entre 16 y 25 años, aunque ha habido casos de chavales de 12 y 13 años," absolutamente inimputables", advierten estas mismas fuentes. Suelen actuar en grupos de dos o tres, casi siempre de noche y con una soltura asombrosa. "En tres segundos te dejan una pintada que, en función de la fachada, es imborrable por completo", recuerda Fermoselle. El marés no es recuperable al cien por cien. Fachadas de marés, por ejemplo, nunca vuelven a ser las misma. Cicatrices en la ciudad.