Un proceso angustioso en el que se oyen constantemente los gritos y quejidos de dolor de la oveja y las órdenes de una adulta (quien graba la escena) al niño. Semitumbado en el suelo boca abajo y con los brazos extendidos dentro de las tripas de la oveja, el pequeño intenta dar con las patas de la cría para arrastrarla hacia sí, hacia fuera. De hecho, mete y saca los brazos (ensangrentados) en repetidas ocasiones hasta que, por fin, logra cogerle las dos patas con ambas manos.
Una vez que ya se descubre una parte de las patas, el niño se incorpora y se pone en pie para empujar con más fuerza. El adulto le ayuda hasta que se puede ver la cabeza del corderito, ya gimiendo. A partir de ahí, el niño lo arrastra hasta extraerlo completamente de la madre. "¡Ya lo tengo!", dice con ilusión el pequeño, quien (haciendo las veces de veterinario) anuncia que se trata de una hembra.