El Hat Bar ha cerrado. Una pena para su propietario y seguramente una alegría para los vecinos. Todos los medios se han hecho eco de la noticia del desahucio por impago del alquiler, como si fuera el único bar de Mallorca cuyo propietario no puede pagar la renta. El que la paga es porque está tirando de su patrimonio o se está endeudando. Pronto la noticia será el listado de los negocios que no siguen los pasos del bar de copas preferido de Francina Armengol y Marc Pons.
No disponemos de cifras oficiales pero desde las patronales vienen advirtiendo que alrededor del 40 % de bares y restaurantes no logrará sobrevivir. Nadie puede tener su negocio cerrado más de cuatro meses y resistir con las exiguas ayudas públicas porque es inasumible. Los trabajadores van al ERTE y mal que bien, aguantan. Pero los empresarios siguen pagando gastos fijos e impuestos como si nada, como si estuvieran trabajando normalmente, pero con la barrera echada y sin ingresos.
Sólo los afortunados que disponen de terraza logran facturar cuatro pesetas, del todo insuficientes para vivir dignamente. Muchos se están endeudando de por vida, confiando en que en algún momento el Govern balear les dejará abrir el interior de sus negocios y se podrán recuperar. Pero Francina Armengol, Iago Negueruela y Patricia Gómez no tienen ninguna prisa. Ellas tienen su sueldo asegurado y no parece importarles nada las penurias económicas que están atravesando las víctimas de las restricciones impuestas antes de Navidad.
Ya no hay protestas en la calle por puro agotamiento. Ahora la ciudadanía está entretenida hablando de tranvías y de cuatro pisos que se construyen para alquiler social, como una gota en el océano. Las críticas de los restauradores, lanzadas en ruedas de prensa, son capeadas sin mayor dificultad gracias a que la tasa de contagios está contenida y de momento nos libramos de la cuarta ola.
Dice el Govern que la clave de que Balears tenga el Covid19 a raya es que la desescalada es muy lenta. Tan lenta que no es perceptible. No habiendo desescalada, prosigue el semiconfinamiento y no hay contagios. Magnífica noticia, excepto para el dueño del Hat Bar. ¿Cuántos habrá como él? Centenares sino miles.
El Ejecutivo de PSIB, Podemos y Més per Mallorca están tensando la cuerda mucho más de lo que sería aconsejable. Confían en llegar al verano y que haya algo asimilable a una minitemporada turística, lo cual viendo cómo van las vacunaciones en toda Europa se antoja ya imposible. Se equivocan aquellos que pronostican que el desgaste político que asume Armengol y sus socios por el efecto de las restricciones, es limitado. Me gustará ver si muchos restauradores y hosteleros estarán tan agradecidos por la gestión del Govern que como premio les votarán de nuevo en 2023. Tengo mis dudas. Podemos preguntarle al del Hat Bar.