Hoy me disfrazo de politiquero. Es decir, de persona que intenta gobernar para beneficio propio. Es un disfraz muy fácil de hacer y económico. Basta con ponerse la ropa de cada día. Ya sea la de los actos oficiales, como la de ir de compras o al gimnasio. Lo único que hay que tener en cuenta es la escenificación del tipo de personaje que se quiera representar en la Rua o en el baile de máscaras. Recuerde la canción de María del Mar Bonet: En un ball de màscares, en la cual la bella señora era en realidad un bigotudo Guardia Civil. En el Carnaval lo que se pretende es tratar con humor la triste realidad de cada día. No obstante, no hay que confundir el hacer reír, con hacer el ridículo. Por eso, ahora que más que nunca están de moda las personas que se dedican al politiqueo, vamos a elegir el disfraz.
Político de derechas: De Hitler, Franco, Fraga, Rajoy, Feijóo…Con bandera.
Político totalitario de izquierdas. De Lenin, Stalin, Mao, Sánchez…Con puño en alto.
Nacionalistas y separatistas catalanes y vascos. Traje, barratina, butifarra de pagès colgada al cuello, el trapo ese de la estelada y una cartera llena de las deudas de España que no ha pagado a la nación catalana. Los euskaldunas con txapela y una ikurriña.
Podemitas. O vestido de juez. O de putero o de pichabrava. Lo de las feministas, lo obviamos porque es políticamente incorrecto.
Vox. De oso (macho) y calzoncillos de bandera de España.
Docentes. Con una bufanda palestina o una camiseta verde.
Sanitarios. Con bata blanca y bandera de la UGT verde, la misma con la que se manifiestan en contra del PP.
Letrados. Con puñetas azules, rojas o moradas, en función de la asociación independiente y democrática a la que pertenece.
Periodistas. Con una camiseta negra, la misma que se ponen cuando gobierna el PP, al que acusan de manipular las radiotelevisiones públicas.
Sindicalistas. Con un casco de obrero y una cartera llena del dinero que les da el Gobierno de Sánchez para que convoquen manifestaciones en contra de la oposición.
Tertulianos. Con un móvil en la mano, donde llegan los relatos y las consignas del día que les indican los suyos.
Banqueros. En chándal y una caja de cuerpo entero simulando el cajero automático. Y un antifaz negro, de los de ladrón.
Puteros. Ese es el más fácil. Solo hay que ponerse una caja de preservativos colgada al cuello. Y llevar una bandera del partido político o del sindicato al que están afiliados.
Reyes y favoritas. Con el atuendo del Rey Jaime I. Rey de Mallorca, que tuvo tres esposas, nueve amantes reconocidas, 12 hijos legítimos y 11 hijos bastardos. Lo del otro rey de Mallorca, Juanca. Eso se lo dejó para los republicanos.
Y como esto es un artículo escrito, les dejo un chiste de carnaval.
Un hombre camina por un bosque cuando le asalta un bandido. Grita socorro y aparece un héroe con careta vestido de negro, con una gran Z bordada en rojo sobre el pecho y una espada con la que ahuyenta al ladrón. El salvado le dice: gracias, Zuperman.
Viva el Carnaval. Ríase de sí mismo y de los demás, que todos son ridículos. Coma, beba y chingue, que de eso se han tratado las saturnales, las lupercales, o las fiestas dedicadas a Baco, desde hace más 3.000 años. Y después a hacer penitencia y cuaresma. Que son celebraciones paganas, relacionadas con la religión.