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La prensa internacional critica la creciente hostilidad contra los turistas en Mallorca

Por Joan Miquel Perpinyà
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jmperpinyamallorcadiariocom/10/10/25
miércoles 26 de junio de 2024, 05:00h

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Mallorca se ha situado en el centro de la polémica por las recientes protestas contra el turismo. Estas concentraciones, interpretadas por la prensa extranjera como una "campaña de odio" contra los visitantes, han provocado una fuerte reacción en los medios de comunicación del Reino Unido y Alemania, con el consiguiente impacto entre los potenciales turistas. Existe el riesgo de que se sientan rechazados y opten por viajar a otros lugares donde no se les responsabilice de los graves problemas que padece la población residente.

Los manifestantes pasan frente a una terraza de Es Born.
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Los manifestantes pasan frente a una terraza de Es Born. (Foto: J. Fernández Ortega)

La primera de las protestas tuvo lugar el 26 de mayo, con una manifestación en Palma, convocada por Banc de Temps de Sencelles, que congregó a unas 10.000 personas protestando contra el turismo de masas y por el derecho a una vivienda digna. Pocos días más tarde, el 1 de junio, en la playa de Sa Ràpita, convocados por la entidad 'Mallorca Platja Tour', una cincuentena de personas se concentró sobre la arena para denunciar la saturación de las playas. La última de desarrolló en Caló des Moro (Santanyí), donde unas 200 personas convocadas por la misma entidad, desplegaron una pancarta sobre la arena.

Las protestas en Mallorca han surgido como respuesta a la masificación turística, que los residentes locales consideran insostenible. Los manifestantes argumentan que el turismo masivo ha llevado a un aumento en los precios de la vivienda, la degradación del medioambiente y la pérdida de la identidad cultural de la isla. En este contexto, las protestas buscan sensibilizar sobre los efectos negativos del turismo desenfrenado y exigir políticas más sostenibles.

REACCIONES

Medios como The Daily Mirror en el Reino Unido han calificado estas manifestaciones como una "campaña de odio" hacia los turistas extranjeros, sugiriendo que estas acciones disuadirán a los visitantes de elegir Mallorca como destino vacacional.

“Los turistas quedaron atónitos cuando los manifestantes los abuchearon mientras intentaban comer”, se pudo leer. O también: “Las Islas Baleares se unen a las Canarias, que celebraron una gran manifestación en Tenerife el mes pasado, mientras los lugareños subrayaban que los turistas se han apoderado de “todos los rincones” de su querida zona”.

Este mismo martes, el Mirror informó en su edición digital que "Los restaurantes de las islas españolas informan de una caída de sus beneficios", asociando este hecho a las protestas y manifestaciones contra los turistas.

Sin embargo, el 11 de junio informó de que el alcalde de Calvià, Juan Antonio Amengual, animó a los turistas británicos a regresar a la isla, mientras "algunso británicos han dicho que ya no se sienten bienvenidos después de una larga campaña contra el exceso de turismo.

Por su parte, la prensa alemana ha adoptado una postura similar, destacando la posible amenaza que estas protestas representan para la reputación de Mallorca como un destino turístico acogedor. Los medios alemanes también han expresado su preocupación por el impacto económico que podría tener una disminución en el número de turistas debido a estas protestas con proclamas hostiles hacia los turistas.

Así, el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung publicó "Muchos españoles están hartos del turismo de masas". : "España debe su auge principalmente al turismo. Pero cada vez más españoles se oponen a ello".

Mucho peor fue el tabloide sensacionalista Bild, que en su portada publicó. "Mallorca ya no nos quiere". El lunes 24 se preguntaba: "Mallorca, ¿qué sigue para nosotros?". En el interior de la noticia, se ofrece el testimonio del agente inmobiliario Marcel Remus, que se mostraba comprensivo con los residentes ante la falta de vivienda, pero exigía a las autoridades que pongan remedio. Sin embargo, criticó al alcalde de Palma, Jaime Martínez, ante sus propuestas para luchar contra la saturación turística prohibiendo nuevos pisos de alquiler vacacional y limitar la entrada de turistas: "Puro activismo. ¡Eso no le hace ningún bien a nadie! Fórmula sencilla: no más turistas, no más trabajo. Prohibiciones y restricciones sobre la propiedad y el alquiler: eso raya en la expropiación", se lamentaba.

El informativo televisivo de mayor audiencia en Alemania, del canal Tagesschau, también se hizo eco de las protestas:

CONSECUENCIAS NEGATIVAS

El CEO de Jet2, Steve Heapy, ha advertido sobre el "peligro del sentimiento antiturista" y su posible impacto negativo en el prestigio de Mallorca que podría afectar a los mercados turísticos internacionales. Heapy sostiene que estas protestas podrían desalentar a los turistas potenciales y afectar la economía de la isla, que depende en gran medida del turismo. "Si se da la impresión de que no se les quiere, los turistas se irán. Cuidado con lo que se desea", advierte.

TURISMO Y SOSTENIBILIDAD

Para seguir con las protestas, la plataforma `Menys Turisme, Més Vida' ha convocado una nueva manifestación contra la masificación turística. Será el próximo domingo 21 de julio en Palma, con el lema 'Canviem el rumb, posem límits al turisme'.

Los colectivos integrados en la citada plataforma exigen que se garantice el acceso a una vivienda digna, el fin de la especulación inmobiliaria, la gentrificación y la expulsión vecinal, la mejora de los servicios públicos, trabajos decentes y bien remunerados, la conservación y regeneración de los espacios naturales, así como el respeto por la cultura y lengua propias.

Se pretende que ese mismo día se celebren manifestaciones también en Menorca, Ibiza y Formentera.

En pleno debate político y social sobre cómo equilibrar los beneficios económicos del turismo con preservación de la calidad de vida de los residentes locales, las actuaciones antiturísticas llevadas a cabo, comienzan a calar en los mercados emisores y pueden causar un grave perjuicio a la imagen de la isla y transmitir un sentimiento de hostilidad hacia el visitante y una percepción negativa de la hospitalidad que hasta ahora había caracterizado a la población residente.

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