Permítanme unas cuantas reflexiones sobre lo vivido en estas últimas elecciones europeas, pues, a mi juicio, marcan lo que podemos esperar del futuro político de los próximos años.
En primer lugar, pienso que sí el pasado domingo Sánchez hubiese obtenido un buen resultado electoral probablemente se habría planteado convocar unas nuevas elecciones, con la finalidad de afrontar una legislatura más cómoda. Por el contrario, sí el resultado del PP hubiese sido mejor, quizás se estaría planteando hacer president de la Generalitat a Carles Puigdemont con la finalidad de reforzar su frente electoral.
Sin embargo, con los tibios resultados obtenidos, lo esperable es que dé vía libre a los socialistas catalanes para intentar investir a Salvador Illa. Desde la presidencia del gobierno de España tiene instrumentos suficientes para contribuir a conseguirlo, aunque sea en una negociación de último minuto durante el tórrido agosto. En cualquier caso, el PSC ya ha gobernado el principado adoptando los mismos principios del nacionalismo divisor, así que podemos esperar que la historia se repita. Eso deja un claro “nicho de mercado” electoral sin cubrir.
En estas circunstancias el PP catalán -lo repetido, el PP catalán, no el nacional- tiene un tiempo por delante para diseñar, desde la oposición, una política propia, para su comunidad, suficientemente atractiva, tanto en materia de financiación como en otros muchos asuntos transcendentales, para todos aquellos que experimentan, o sientan, el rechazo del nacionalismo excluyente. No se trata de una tarea sencilla, pero sí ese fuese el caso, el panorama electoral español cambiaría por mucho tiempo.
En cualquier caso, la dificultad de tramitar leyes estatales, que no sean meras transcripciones de directivas europeas pendientes, augura una legislatura con baja actividad gubernativa ordinaria que vaya más alá de la propaganda. Otra cosa es la transformación constitucional que mencionaré más adelante.
Por otro lado, me ha sorprendido desagradablemente la campaña vivida. La ausencia de propuestas y debates sobre el futuro de Europa ha sido casi total, siendo sustituida por proclamas y confrontaciones de segundo -o bajo- nivel. Algo que claramente beneficiaba al camaleónico PSOE de Sánchez, pero no a un PP que aspira a representar la seriedad centrista. Ciertamente, creo que esta formación hubiera podido ofrecer bastante más que una alternativa indefinida al actual frente izquierdista-nacionalista.
Basta recordar lo que le ocurrió a Zapatero en mayo de 2010 para hacernos conscientes de que sí el PSOE puede continuar gobernando es gracias a los flujos dinerarios y el apoyo llegado desde la UE. Algo que se ha traducido, entre otras cosas, en un proceso inflacionario, todavía no concluido, que ha dañado a la mayoría de economías domésticas, sobre todo, de las clases medias y medias bajas. Además, sin duda, el Brexit ha deteriorado mucho a la Unión, al cambiar los pesos políticos, pudiendo poner en cuestión algunos de los métodos de la actual gobernanza. Por no hablar de la guerra en Ucrania, o la postura en Oriente Medio.
En mi modesta opinión, el votante de centro derecha desea una Europa menos mandona, entrometida y antipática que, no obstante, refuerce todos aquellos principios liberales que la hicieron fuerte en el pasado, vigilando más estrechamente el cumplimiento de las reglas democráticas y económicas básicas. Lo cual pone en cuestión muchas de sus acciones de los últimos tiempos.
En definitiva, me inclino a pensar que hay pocas posibilidades de que haya nuevas elecciones en los próximos tres años. Lo cual no significa, en absoluto, que la política deje de estar presente en nuestras vidas particulares. Por un lado, Sánchez y su frente electoral nacional-izquierdista solo pueden mantenerse unidos bajo la promesa de una reinterpretación constitucional que les mantenga con un horizonte de poder. Mientras que, por otro lado, la oposición tiene que acabar de definir (o no) su trascendental papel.
De la UE, me temo que sólo podemos esperar inercia. Parece que los votos en clave nacional han predominado. Aunque, por supuesto, la política actual común se caracteriza por seguir la senda marcada por el amigo americano, quien, por cierto, se examina en noviembre. De hecho, en los últimos años, incluso, nos han acostumbrado al avistamiento de “cisnes negros” de Taleb. ¡Cómo para hacer pronósticos!