Los votos que permitieron a Més per Menorca obtener tres diputados en el actual Parlament se han revelado como uno de los resultados más rentables en el mapa político balear. A pesar de su salida del Govern, tras el escándalo judicial de los contratos de Jaume Garau y la destitución de la consellera menorquina Ruth Mateu, la formación de Nel Martí apoya decididamente el ejecutivo de Francina Armengol.
Es cierto que Més per Menorca procura mantener una voz propia, una posición que le permita diferenciarse del resto de las fuerzas del Pacte, aunque en ningún momento parece haberse planteado la posibilidad de poner en riesgo lo que realmente le confiere su fuerza y su influencia en las políticas impulsadas por el Govern. Sus poco más de 6.500 votos son un crédito escaso, pero suficiente para este fin. Y mantener una pose crítica, que no haga daño real al equilibrio del Pacte, su coartada perfecta. Más cómoda tras haber renunciado a ocupar puestos en el organigrama del ejecutivo.
En las elecciones autonómicas de 2015, Més per Menorca se situó como tercera fuerza en la isla, tras el PP y el PSOE, y por delante de Podemos. Entre los cuatro se repartieron los trece escaños en juego. De algo más de 38.000 votos, Més per Menorca sólo recibió un 17 por ciento los apoyos, pero se ha convertido en la fuerza política que mejor ha rentabilizado sus resultados.
Su coordinador general, Nel Martí, relataba este fin de semana en mallorcadiario.com la agenda de su formación. Progresista, antimilitarista, partidario de un 'confederalismo insular', defensor de la idea de los Països Catalans y, sobre todo, profundamente anti Partido Popular. No se puede negar que su guión es de libro, coherente y con nulas intenciones de engañar a nadie; les basta con contentar únicamente a los 6.500 que votaron a la formación hace tres años para intentar reeditar su fórmula de éxito.
Su afán, en medio de un panorama político tan cambiante y con tantos interrogantes, se verá cumplido en la medida que sus 6.500 votantes se mantengan fieles a los postulados de la formación. Hay muchas dudas de cómo responderán los electores menorquines dentro de un año. La bajada de Podemos y la subida de Ciudadanos y El Pi en la isla son, a día de hoy, meros pronósticos sustentados en indicios demoscópicos que pueden cambiar de un día para otro.
Més per Menorca no parece dejarse alterar por estos indicios; su meta es seguir como ahora, diciendo lo que sus 6.500 votantes quieren oír y alimentando una posición que les diferencie de los socios del Govern, aunque no demasiado. No parecen dispuestos a forzar la máquina para aumentar sus votos, incluso abren la puerta a un pacto con El Pi si este, hay que suponer, se aviene a los postulados irrenunciables de los de Nel Martí. Su ortodoxia y su rechazo a todo lo que represente el Partido Popular, en su pequeño universo de unos pocos miles de adeptos, es su fuerte.