En los últimos años, multitud de oficinas bancarias en todo el país han sido cerradas. Este fenómeno, impulsado por la digitalización y la búsqueda de eficiencia por parte de las entidades financieras, ha traído consigo graves consecuencias para un sector vulnerable de nuestra sociedad: las personas mayores. Para esta generación, que no se ha criado en la era digital, las gestiones bancarias en línea son misión imposible.
La brecha digital es una realidad palpable que afecta a muchos ancianos. Enfrentarse a una banca electrónica o a aplicaciones móviles es una odisea para quienes no tienen competencias en nuevas tecnologías. No solo por la complejidad que estas plataformas representan, sino también por el temor de ser víctimas de fraudes y estafas, un riesgo que aumenta con la falta de conocimiento en ciberseguridad.
Enfrentarse a una banca electrónica o a aplicaciones móviles es una odisea para quienes no tienen competencias en nuevas tecnologías
Para estos mayores, la posibilidad de solucionar sus gestiones bancarias de manera presencial no es un capricho, sino una necesidad. Las oficinas bancarias han sido, durante décadas, lugares donde podían recibir un trato humano, asesoramiento personalizado y la tranquilidad de saber que sus asuntos están bien gestionados. El cierre de estas oficinas les priva de este esencial servicio, obligándolos a buscar soluciones que en muchos casos están fuera de su alcance.
Ante esta situación, las protestas de las federaciones de pensionistas de UGT y CCOO son más que comprensibles. Estas organizaciones han alzado la voz en defensa de los derechos de los mayores, reclamando un trato justo y que las oficinas bancarias de atención presencial no desaparezcan de las zonas donde son más necesarias. La reivindicación de espacios donde puedan recibir atención de calidad y sentirse seguros en sus gestiones no es solo una cuestión de comodidad, sino de dignidad.
Es importante que las entidades bancarias y las autoridades tomen conciencia de la importancia de mantener un equilibrio entre la modernización y la inclusión. Las personas mayores merecen ser tenidas en cuenta en los planes de transformación digital. El cierre de oficinas bancarias no debe traducirse en el abandono de nuestros mayores y su derecho a un servicio accesible y humano.