Los ciudadanos de Baleares que no lleven mascarillas en espacios públicos se exponen desde este lunes a ser sancionados con multas que pueden ser de hasta cien euros. La norma entró en vigor el lunes 13, pero el Govern dio una semana de plazo para que residentes y turistas pudieran recibir la información correctamente. Acabada esta "moratoria", los expedientes de sanción comenzaron a tramitarse este lunes.
La resolución obliga al uso de mascarilla en todos los espacios públicos abiertos, independientemente de que pueda respetarse la distancia de seguridad, y las únicas excepciones en las que se exime su utilización son pocas, aunque bastante lógicas: en las playas, en paseos marítimos, en el campo o cuando se practica deporte.
La norma que se aplica en Baleares -y que se ha generalizado en el resto de comunidades con muy pocas excepciones- debería despertar una cierta conciencia cívica que reconcilie a los ciudadanos con el cumplimiento de las reglas, aunque resulten incómodas. La picaresca, sin embargo, no se ha hecho esperar, aliviando algunos el uso de la mascarilla al colocársela en la barbilla o por debajo de la nariz, o lanzándose directamente a encender un cigarrillo en el mismo instante que se divisa un agente de la autoridad. Para todos estos casos habrá multa, que será gradual en función de la gravedad pero que no dejará de imponerse.
Otros, por su parte, van más allá, cuestionando abiertamente la resolución de forma que, no sólo se niegan a usar la mascarilla, sino que argumentan públicamente que la medida va en contra de derechos constitucionales. Unos pocos ciudadanos se manifestaron en este sentido este lunes frente a la Conselleria de Salut, en la Plaza de España de Palma. Al soberano ridículo de no congregar a más de una docena de manifestantes se suma la profunda imagen pública de insolidaridad, llegando a negar, incluso, la existencia misma de una pandemia que ya ha dejado miles de muertos.
Teorías de la conspiración aparte, y dejando de lado lo grotesco de los temas elegidos para la protesta -"no al bozal", "falsa pandemia", "dejadnos respirar"...- manifestaciones de este tenor no han de quedar sólo en el terreno de la anécdota. Por ello, los asistentes -que, en consonancia con su queja, no llevaban mascarilla- fueron identificados por los agentes de policía y recibirán puntualmente la multa.
A nadie le gusta llevar mascarilla. Es incómoda y da calor. Pero el debate debería trasladarse hacia otros aspectos, como su posible gratuidad o la compensación del gasto extra que supone. Este enfoque, menos insolidario y extravagante, seguro que moviliza a muchos más ciudadanos.