El grupo parlamentario de Vox ha votado a favor de unas enmiendas del PSOE al proyecto de ley de polígonos industriales que está en tramitación, con el indisimulado objetivo de torpedear la gestión del Govern del PP. Esta maniobra política protagonizada por la portavoz de Vox, Manuela Cañadas, resulta, cuanto menos, estrambótica y desconcertante.
Esta inesperada alianza política sin precedentes se sirve de una ingeniosa excusa: aumentar el control sobre las cuentas públicas en caso de que los presupuestos de la Comunidad Autónoma estén prorrogados, como sucede actualmente tras la ruptura de las negociaciones entre PP y Vox, ordenada por Santiago Abascal en todas las autonomías donde los ‘populares’ gobiernan. Se pretende atar de pies y manos al Govern con exigencias nunca antes planteadas, para que nada se pueda hacer sin la aprobación del Parlament.
Se trata de dinamitar la acción del Govern, propiciando un bloqueo que afectará de forma directa y grave a proyectos de enorme importancia para la ciudadanía, como son los financiados por el Impuesto de Turismo Sostenible.
Manuela Cañadas ha llevado a su formación a un terreno político incomprensible, atacando visceralmente al único partido que se opone a vetarla y aislarla totalmente
Manuela Cañadas ha llevado a su formación a un terreno político incomprensible, atacando visceralmente al único partido que se opone a vetarla y aislarla totalmente. Esta postura es aún más sorprendente si se considera que, hasta hace poco, Vox respaldaba las políticas del Ejecutivo del PP.
Estamos ante una clamorosa demostración de falta de fiabilidad y previsibilidad por parte de una política que se muestra dispuesta a colaborar con la izquierda, con la consiguiente traición a sus votantes, con tal de debilitar al PP.
Cañadas olvida que, en las elecciones de mayo de 2023, los ciudadanos de Baleares apartaron del poder a la izquierda y exigieron un cambio de rumbo en la política autonómica, un cambio que Vox está impidiendo llevar a cabo, para regocijo de la izquierda. Es más que dudoso que los votantes de su formación aprueben alianzas ilógicas con la izquierda, como si Vox fuese un partido más de la oposición de izquierdas. Es un error que acarreará consecuencias políticas severas más pronto que tarde, porque sus electores no perdonarán este aval irresponsable e ilógico a iniciativas de los socialistas y los ecosoberanistas, para paralizar al Govern.
Estamos ante una tremenda paradoja política: un partido que se presenta como rival insobornalbe de la izquierda, termina aliándose con ella para obstaculizar a un gobierno de centro-derecha elegido democráticamente.
Es fundamental que Vox reevalúe su estrategia y calcule las consecuencias de su errática actuación en el Parlament balear. La política debe centrarse en el bienestar de los ciudadanos y en materializar las políticas para las cuales fueron elegidos, no en juegos de poder que solo sirven para entorpecer la gobernabilidad y traicionar la voluntad de su electorado. Hay mucho en juego y Manuela Cañadas no parece ser consciente de lo que se trae entre manos prestándose a ser colaboradora necesaria de las astucias del PSOE.