-Casados con el error-
Creo, honestamente, que la igualdad siempre ha identificado al socialismo democrático. Desde esta perspectiva, se entiende que Sánchez afirmase, hace unos días, que “sin duda no hay nada más democratizador y civilizatorio que la igualdad”. Llevaba razón en ello. Sólo que él se ha empeñado en demostrarnos que es el Rey absolutista de las más variadas desigualdades.
El otro día, Raúl del Pozo recordó, a cuantos quisieran escuchar, que “el Gobierno no se quiere enterar de que el separatismo (…) va contra la igualdad (…) La verdadera xenofobia, el discurso racista, está en el secesionismo de ikurriñas y esteladas (…) Por eso los nacionalistas contribuyeron al fracaso de República de la misma forma que ahora conspiran para el fracaso de la democracia (…) Unos mataron; los otros dieron un golpe de Estado”.
Y, sin embargo, Sánchez llegó a la Moncloa, y sigue en ella, merced a su apoyo. ¿A qué coste? Repasa mentalmente el trato otorgado a quienes desean destruir España. Todos sabemos que no ha dispensado la misma deferencia, ni las mismas cesiones, al resto de Comunidades y a sus ciudadanos. Tan escandalosa y discriminatoria actitud seguirá repitiéndose, pues Sánchez los necesita, sí o sí. Sin ellos, no puede conformar la mayoría necesaria para gobernar. Les dará lo que le pidan. Sea lo que sea. El único límite es su ilimitada voluntad de permanencia en el poder. A esto le llama progreso. Supongo, emulando a Umberto Eco, que será del tipo ‘cangregil’.
En este exhibicionismo de desigualdades impuestas, Sánchez, en el 20 aniversario de la Ley contra la violencia de género, se ha permitido el lujo de subrayar que “el feminismo no es de una u otra ideología política, sino un estado avanzado de la civilización”. También podemos estar de acuerdo. El problema ha residido, una vez más, en que su Gobierno se ha empeñado, incluso fracturando a la propia izquierda, en abrazar un tipo de feminismo que no ha contribuido, precisamente, a construir una sociedad más libre, más igualitaria y más justa.
Con Bad Hombre, Pola Oloixarac, desde una ‘visceral objetividad’, ha puesto sobre la mesa realidades que han venido siendo amparadas con un ominoso silencio. También están sobre la mesa ciertos casos muy mediáticos en España como, entre otros, el de Íñigo Errejón y el de la familia Arcuri-Rivas. Ahora ya han salido a la luz y así han podido “librarnos de esa aura salvífica y sacrosanta de este feminismo, que fomentó muchísimo miedo” y que tantos obstáculos interpuso para el entendimiento relacional del varón y la mujer.
Me parece que ahora se ha levantado el velo del secretismo y ha “llegado el permiso para hablar de esto, para cuestionar las denuncias o para cambiar el ’yo sí te creo’ ciego por el ‘yo sí te escucho’ más matizado” (Oloixarac). Ha de imperar la transparencia y, en ese marco, mal que le pese a la izquierda sectaria y a cuantos se sumen a ella en el futuro Pacto de Estado contra la violencia de género, abrir el debate, repensar el discurso (‘la dicotomía de víctima y verdugo ya no sirve’), hacer autocrítica, escuchar a todos y afrontar posibles nuevas ideas. ¡Pretensión inútil!
Personalmente, (he escrito en Ha perdido la unanimidad de ayer, MD), no creo que sea cosa de buenos y malos, ni de víctimas y verdugos. Todo es susceptible de ser repensado de otro modo: desde el sentido común, desde la prudencia, desde la pura condición humana con sus pasiones, con sus sentimientos y sus deseos, con sus contradicciones éticas en las que varones y mujeres podemos incurrir. Aceptar esto significa, por el contrario, ‘bajar el feminismo del púlpito, de desacralizarlo’ y enfrentarlo ‘en clave de la vida cotidiana y real’, de desmitificarlo. “¿Vos querés que tus hijos crezcan pensando que en realidad nacieron violadores o que tus hijas crezcan con el miedo de saberse víctimas? Es un delirio” (Oloixarac).
¿Por qué fingir que todo está perfecto cuando no lo está? Hablemos de ello” (Oloixarac). ¿Por qué empeñarse en mirar para otro lado? El apoyo al Pacto de Estado me parece una traición al sentido común. La base ideológica de dicho Pacto ha convertido a la Ley en ineficaz y ha causado la indignación del varón (cf. Guadalupe Sánchez, Derecho penal genital, TO). ¿Dónde queda, señores del PP, la prometida batalla de las ideas?
Gregorio Delgado del Río