Los seres humanos somos extraños, aunque sabemos que ciertas cosas no nos hacen bien, seguimos haciéndolas y nadie se escapa a la inevitable atracción del mal que nos producen los placeres carnales.
Somos conscientes que ciertos alimentos nos sientan mal, el exceso de alcohol, las drogas o incluso ciertas relaciones que son vampiros emocionales y que nos roban la energía y sin embargo, estas gratificaciones temporales pueden con nuestra falta de voluntad y nos quiebran el alma y se convierten en distracciones de los deberes espirituales.
Es superior a nuestra fuerza de voluntad y una y otra vez caemos en vicios ocultos que no nos confesamos ni a nosotros mismos.
A mis clientes yo siempre les digo que, pueden mentirme a mí, pero que no se mientan a ellos mismos, porque el ser humano es mentiroso por naturaleza, pero lo peor es que desde que somos pequeños, aprendemos a mentirnos a nosotros mismos.
Sabemos que algo nos sienta mal y nos decimos que por una vez no pasará nada.
Nos da miedo volar y nos convencemos de que no es necesario coger un avión, no queremos mantenernos en una relación porque ya no nos llena de satisfacción y seguimos diciéndonos que amamos a la otra persona o que es normal que las cosas cambien y llevarse mal, ya que le pasa a todo el mundo.
Pero querido amigo lector, no hay nada peor que saber que te engañas a ti mismo y que no hay manera humana de creernos nuestras propias mentiras.
En el mundo profesional se ve a diario, cuando preguntas en una empresa, la respuesta es siempre la misma: “yo trabajo mucho, soy empático y asertivo”, cuando tal vez odiamos a nuestros compañeros y nos pasamos el día intentando trabajar lo mínimo posible, de lo contrario las empresas tendrían muchos beneficios, debido a la productividad de nuestros empleados.
Pero, por el contrario, esos pecados inconfesables, hace que perdamos los papeles.
Tal vez deberíamos de comenzar por aceptar nuestras mentiras, nuestros errores y nuestras adicciones, porque la mayoría de las personas, viven mintiéndose y mintiendo a todo el mundo.
Comienza por preguntarte, ¿cuándo me he mentido consciente o inconscientemente por última vez?, ¿cuál es la razón por la que lo hago? Y lo que es más importante, ¿algún día dejarás de mentirte?
¡Quiebra ya esa situación que te atormenta y sigue viviendo admitiendo tus puntos de mejora!