
Las medidas especiales dispuestas este verano por el
Ajuntament de Palma no parecen haber dado el resultado esperado. Ni mucho menos. Ni siquiera el helicóptero.
Las quejas no son sólo de los
vecinos. Comerciantes, restauradores y turistas empiezan a sufrir cuando llega el atardecer porque saben desde el pasado sábado que tendrán que pasar una dura noche de lucha contra los molestos mosquitos, que han vuelto a la
Platja de Palma. Son más pequeños que los del año pasado, pero más molestos.
Según testigos, hay restaurantes que este fin de semana han llegado a cerrar antes de la hora habitual porque los clientes se marchaban hartos de los mosquitos.
Sólo hacen su agosto los que venden -farmacias y otros establecimientos- productos repelentes.