Mal tiempo no significa automáticamente un fiasco económico para las empresas dedicadas al turismo y la restauración. La Semana Santa, pésima desde un punto de vista meteorológico, ha sido un ejemplo de esta situación. Lluvia y viento han alejado a visitantes y residentes de playas y espacios abiertos; en cambio han llenado restaurantes, complejos comerciales y el centro de grandes ciudades como Palma, en cuyos aparcamientos era misión imposible encontrar una plaza a determinadas horas.
Ante el mal tiempo, los turistas han buscado un plan B que ha llenado Palma y muchos enclaves de la Part Forana, donde los restaurantes han hecho una buena Semana Santa. La visita del portaaviones USS Abraham Lincoln a Palma, con casi 6.000 tripulantes, también ha contribuido a mejorar las cifras de negocio en tiendas y restaurantes de la Isla. La peor parte se la han llevado los establecimientos con terrazas, que han permanecido vacías ante el tiempo desapacible. Para estos negocios, las jornadas han sido "catastróficas", según el presidente de Restauración, Alfonso Robledo, quien destacó los esfuerzos de los empresarios para reforzar plantillas.
Que nunca llueve al gusto de todos es un tópico con su base de realidad. Entre los aspectos positivos de estas jornadas, la Asociación de la Pequeña Industria de Panadería y Pastelería, ha valorado positivamente las cifras de esta Semana Santa. Panaderos y pasteleros afirman haber constatado un crecimiento del 10 por ciento de las ventas respecto al año pasado.
Habrá que esperar días para tener datos concretos sobre balances de ventas y ocupación hotelera. De momento, la cifra de pasajeros en los aeropuertos baleares ha rondado el millón de usuarios, mientras que los hoteles de Mallorca calculaban una ocupación del 82 por ciento de los establecimientos, una cifra que puede verse alterada por las cancelaciones de última hora. En todo caso, estamos ante cifras esperanzadoras, especialmente al producirse de forma muy cercana al inicio de la temporada alta.