La reforma del puerto de Palma es una necesidad imperiosa
miércoles 27 de agosto de 2014, 19:44h
El 2015 será un año espectacular para el turismo de cruceros en Palma. La Autoridad Portuaria tiene prevista la llegada de dos millones de cruceristas, un récord absoluto que supone un excelente espaldarazo para el centro histórico de la ciudad y del conjunto de la isla gracias a las excursiones que se organizan. Pero tal reto también debería servir de resorte para impulsar la reforma del puerto. Sin gigantismos ni planes desmesurados, buscando el necesario equilibrio, debería encontrarse la fórmula para poder atraer el máximo de trasatlánticos posible. También se hace imprescindible la reforma del Moll Vell para poder ampliar su oferta comercial y de ocio.
Todas las instituciones deberían hacer piña en este objetivo porque beneficia al conjunto de la sociedad. Ahora que el turismo de crucero está en efervescencia, Palma no puede quedarse atrás. Tiene que incrementar su competitividad porque en el Mediterráneo hay muchos destinos atractivos, comenzando por Barcelona, que ha realizado importantes esfuerzos en las últimas décadas para modernizar su zona portuaria. Palma ha de seguir este ejemplo y ha de prestigiar su puerto dotándolo de la máxima calidad, atractivo y visión de futuro.
Por otra parte, ya que la titularidad de la zona portuaria corresponde fundamentalmente al Gobierno central, y teniendo en cuenta el endémico déficit fiscal que arrastra el Archipiélago, no estaría de más que el esfuerzo económico fuese realizado por Madrid, que de todas formas se lleva parte de los beneficios que genera el puerto de Palma.
Una de las lecciones de la crisis económica que comienza a superarse es que el turismo es el sector que ha resistido con más fuerza el embate de la depresión. El Gobierno central lo sabe a la perfección. Invertir en turismo es solidificar la economía española, Y esta solidificación ha de comenzar por los destinos más asentados pero precisados de muchas mejoras, como es el caso de Palma.
La reforma del puerto debería convertirse en debate de primer orden dentro de la dinámica política isleña. Dos millones de cruceristas al año bien lo justifican. Se trata de una inyección de recursos muy importante para una un territorio que aún soporta una tasa de paro demasiado alta y demasiado hiriente.
Estamos ante una oportunidad que no debería desaprovecharse. Palma necesita un puerto concebido con criterios y objetivos del siglo XXI. Y este anhelo es fundamental para encarar los objetivos de los próximos lustros.