Así lo han explicado los agentes de Policía que han declarado como testigos en la segunda jornada del juicio, que celebra un Tribunal del Jurado en la Audiencia Provincial. Los datos que arrojó la cuenta de google del smartphone revelaron que la noche del crimen el joven interrumpió el camino hacia su casa en la confluencia de las calles Asturias y Formentera, pero después el terminal tomó una dirección opuesta.
El agente de la Policía Nacional encargado de la instrucción del caso ha hecho un resumen de la investigación, centrada en el teléfono móvil como principal pista objetiva. La víctima llegó a su casa sangrando, hacia las 6.30 horas, y se acostó. Cuando su madre fue a despertarle a las 12.00 horas para celebrar la Navidad, lo encontró muerto.
A la vista de las lesiones que presentaba el cuerpo -la autopsia reveló marcas compatibles con un forcejeo y descartó una muerte accidental-, sumado a la desaparición del smartphone de la víctima, la Policía sospechó que podía tratarse de un crimen violento motivado por el robo del móvil. Pudieron reconstruir con precisión el recorrido que hizo el terminal gracias a que el hermano del fallecido proporcionó las claves de la cuenta de Google de la víctima.
Así, en la cuenta del fallecido pudieron consultar la geolocalización del móvil la noche de los hechos con datos como la hora, el minuto o incluso los segundos de cada posición. Esta localización, además, es mucho más precisa en el plano geográfico que la información que se puede obtener de una teleoperadora, que es más genérica al provenir de las antenas a las que se conecta el dispositivo, por lo que implica un rango de espacio mayor.
Los investigadores pudieron comprobar que la víctima había recorrido un trecho en hacia su casa y que en la confluencia de las calles Asturias y Formentera se detuvo y después tomó una dirección opuesta. Además, también aumentó la velocidad del desplazamiento. Así, el joven llegó al domicilio, pero no el móvil, que había tomado otro rumbo y llegó a la casa okupa, donde fue finalmente desconectado a las 5.52 horas. El DNI y la tarjeta de crédito de la víctima fueron hallados bajo un contenedor en la calle Galicia.
Hasta el momento, las cámaras de hoteles de la zona solamente habían permitido situar a la víctima en Playa d'en Bossa, pero la información de los posicionamientos del smartphone llevó a rastrear las cámaras de seguridad coincidentes con el recorrido del teléfono. Una de ellas, la de una gasolinera, captó a un grupo de cuatro jóvenes caminando hacia la calle en la que se encontraba la casa okupa: dos chicos y dos chicas, lo que coincide con el relato de los acusados, que sostienen que habían salido con sus novias.
Posteriormente, el teléfono volvió a ser conectado en Barcelona. Resultó que estaba en manos de un tercero ajeno a los hechos, y que le había llegado a través de un contacto de una tienda de móviles en Ibiza. Según los testigos, el grupo de los acusados lo había llevado al establecimiento y más tarde quisieron recuperarlo.
La casa okupa tenía una gran pintada con las palabras 'los guasones' y la UFAM de la Policía Nacional tenía abierta una investigación respecto a este grupo a raíz de denuncias que lo describían como una banda criminal. De hecho, uno de los 23 testigos que ha comparecido este miércoles, y que vincula a los acusados con el grupo, ha afirmado que ha recibido amenazas por testificar.
EL HERMANO DE LA VÍCTIMA: "TODO HA CAMBIADO"
En la sesión de este miércoles también han declarado familiares de la víctima, visiblemente afectado. Entre ellos, su hermano pequeño, que entre lágrimas ha dicho que "todo ha cambiado" desde la muerte de su hermano. El padre, por su parte, ha incidido en que desde el suceso la Navidad es "muy triste" en su familia. Todos han descrito a la víctima como un chico pacífico.
Igualmente han declarado por videoconferencia las novias de los acusados, menores de edad en el momento de los hechos. Una de ellas, no obstante, ha dicho que no recordaba nada de lo ocurrido porque esa noche tomó alcohol, una raya de cocaína y una pastilla de anfetamina.
La otra ha confirmado que uno de los acusados propinó un 'botellazo' a un joven en la cabeza y ha precisado que le robó dos móviles -uno que coincide con la marca del de la víctima-. Sin embargo, sostiene que se trataba de otra persona, de etnia latina.
El acusado por el homicidio tiene antecedentes por tráfico de drogas y ha estado en prisión provisional desde el 16 de febrero de 2018. El fiscal también le imputa un delito de robo con violencia empleando un instrumento peligroso, y le pide 18 años de cárcel e indemnizaciones de 250.000 euros para los familiares y la pareja sentimental de la víctima. Para el otro acusado, al que imputa maltrato sin lesiones, pide una multa.