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La mecha Hasél

Por Francesca Jaume
lunes 22 de febrero de 2021, 04:00h

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Cualquiera que se haya informado mínimamente sabe que lo que ha llevado a Pablo Hasél a la cárcel ha sido haber amenazado a un testigo, si bien es innegable que los antecedentes por enaltecimiento del terrorismo han supuesto un empujoncito hacia el talego. Sin embargo, una cantidad ingente de población se ha creído el mensaje de que su ingreso en el penitenciario de Ponent de Lleida ha sido debido a que “en España no existe libertad de expresión”. Ello ha motivado a los salvajes a lanzarse a las calles para crear disturbios y destrozar todo cuanto se encuentran a su paso.

Y esto no es casualidad. Cuando se ha abonado el terreno con gasolina sólo falta una pequeña chispa para provocar un incendio de dimensiones considerables. ¿Y quien ha abonado el terreno? Pues hay muchos responsables de ello. Abona la tierra Pablo Iglesias (Podemos) cuando afirma que en España no hay plena normalidad democrática, también lo hace Santiago Abascal (VOX) al decir que “El Gobierno de Sánchez es el peor Gobierno en 80 años, y quizás me quede corto” y por supuesto también son corresponsables todos los que han procurado que el sistema educativo en España sea una máquina de hacer bobos.

La madera sobre la que se lanza la gasolina es una parte de la sociedad desnortada, desencantada, sin oficio ni beneficio y sin principios morales; una parte de la sociedad que siente que nada tiene que perder por manifestarse, aunque ya se ha visto que sí se tiene que perder. A excepción de las personas que pacíficamente han manifestado su disgusto por el encarcelamiento de Hasél en las redes sociales, lo que estamos viendo en los medios de comunicación son contenedores quemados, mobiliario urbano destrozado, mostradores rotos, tiendas saqueadas, motocicletas ardiendo (pobres propietarios) y vecinos hartos de ver llamas y humo ante sus fachadas.

Más valdría que hiciéramos una reflexión conjunta y solicitar responsabilidades no sólo a los descerebrados que piensan que sólo se puede protestar haciendo el gamberro y estropeando mobiliario urbano, sino también a aquellos dirigentes que no tienen el menor escrúpulo en engañar y confundir a los ciudadanos en provecho propio, porque el daño que producen a la sociedad en conjunto es inconmensurable.

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