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La mala de los Goya

Por Fernando Navarro
viernes 14 de febrero de 2025, 02:00h

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El pasado 28 de enero el ministro Urtasun recibió con entusiasmo a una actriz trans, que había obtenido uno de los Premios del Cine Europeo en Lucerna, y tenía una nominación de los Oscar a mejor actriz. «Karla Sofía Gascón es un ejemplo del talento y la dedicación de las actrices españolas. Ojalá vuelvas de Los Ángeles con la estatuilla». Una semana más tarde el mismo Urtasun renegaba de ella: «los tuits que hemos conocido tengo que lamentarlos, no representan a la sociedad española y lo digo muy apenado». En los tuits que apenaron mucho al ministro Karla decía que el islam «se está convirtiendo en un foco de infección para la humanidad que hay que curar urgentemente», y que cada vez que va a recoger a su hija al colegio hay más mujeres tapadas. También llamaba drogota a Floyd George, y se burlaba del movimiento BLM (nada que objetar a esto último). ¿Eran tuits desaforados? Seguramente, pero muchísimo menos graves que si, digamos, Karla se hubiera negado a condenar los atentados terroristas de Hamás en Israel del 7-O y esto, exactamente esto, fue lo que hizo el apesadumbrado Urtasun en el Parlamento Europeo.

El caso es que los tuits han sido considerados intolerablemente racistas. Un par de días después de la congoja de Urtasun Arnaldo Otegui, como si hubiera querido echarle una mano a Karla (despistado, quizás, por la K), hizo unas declaraciones sobre la necesidad de controlar las fronteras para preservar las esencias del pueblo vasco por las que tanto asesinó su banda. Esta es la misma semana en que País Vasco y Cataluña han aprovechado el efecto combinado de la necesidad de sus votos y la amoralidad de Sánchez para eludir el reparto de menas. Todo esto ¿ha sido considerado racista? ¿Ha provocado algún alzamiento de cejas, afligido y virtuoso, del ministro Urtasun? Parece que no.

Hace unos meses Urtasun sí salió a defender a otra actriz, Itziar Ituño, que estaba recibiendo críticas por participar en manifestaciones a favor de los presos de ETA. Parece que manifestarse a favor de quien ha asesinado a compatriotas debería ser más grave que unos cuantos tuits, pero no ha sido así. ¿Por qué? Entre otras cosas porque éstos últimos incluían críticas a Pablo Iglesias y otros indicios de que Karla Gascón podría muy bien ser votante de derechas. Tal vez incluso (horror) de Vox, y ante esto el mundo del cine ha reaccionado como Drácula ante el agua bendita. Esto es interesante porque parece claro que la condición de trans, es decir, víctima y digna de compasión según la izquierda, ha sido determinante para las nominaciones de una película que, por lo demás, es infumable. Y dado que Karla Gascón sigue siendo trans, pero ha sido volatilizada de la promoción del film y de la gala de los Goya, hay que concluir que la identidad transexual ha sido desplazada por la identidad ideológica, que es por tanto más relevante.

¿Cómo es posible que la adscripción policía desactive la compasión? Esta perplejidad puede explicarse de varias maneras. Una, la compasión se activa con un interruptor doble en el que debe coincidir un qué adecuado (digamos, ser una víctima) y un quién adecuado; la derecha no encaja en el papel de víctima porque tiene asignado un papel aún más importante en la función que es el de malvado, y conviene no confundir al espectador. Dos, lo que realmente se activa no es el interruptor de la compasión sino el de la indignación, y éste sólo lo activa la derecha (salvo Puigdemont, que apoya a Sánchez). Tres (más probable), la compasión era, sencillamente, fingida. No estábamos ante verdadera compasión, sino ante una falsa exhibición de compasión (lo que ahora se

llama postureo moral). Decía La Rochefoucauld que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, pero creo que no es exacto: es el abismo que se abre entre la exhibición fraudulenta de virtud y la verdadera virtud.

Todo esto explicaría la crueldad con la que se está tratando a una persona trans a la que supuestamente se debería arropar. El espectáculo está resultando difícil de digerir pero permítanme aportar dos ejemplos sobresalientes. El primero, el director de la película. Ha dicho a Karla Gascón que «no se haga la víctima» olvidando que su negocio se ha basado, precisamente, en que Karla fuera una víctima; solo por eso ha conseguido que su churro de película haya obtenido premios y nominaciones. El segundo un Nahual Pérez que en la gala de los Goya se sorprendió de que una persona trans manifieste simpatía por la Iglesia y aversión al Islam, seguramente por considerar a este último más tolerante. Y luego sugirió que Karla debía «deconstruirse y pedir perdón», porque al parecer los «constructos» del «patriarcado» son tan insidioso que ya han conseguido penetrar el mundo LGTB. Quizás, viendo la intención de voto de los jóvenes, el patriarcado alcanzará en breve también la Gala de los Goya, y previsiblemente Nahual se adaptará sin problemas.

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