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La Ley de Símbolos traspasa el absurdo

martes 18 de febrero de 2014, 16:49h

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Desde Montesquieu a nuestros día hay un principio básico sin el cual se pone en peligro todo el ordenamiento jurídico: ninguna ley puede ir en contra del sentido común, ni mucho menos soliviantarlo o burlarlo. Es a partir del común entendimiento social compartido por encima de ideologías o intereses de grupo que se fundamentan las normas. Es evidente que la Ley de Símbolos vulnera este principio básico y esencial.

En el colmo del absurdo, la oposición reclama al Govern que sancione al partido en que se sustenta porque en un acto político celebrado el pasado domingo en Campos colocó la bandera de Mallorca, emblema oficial del Consell, superpuesta o junto a la del Partido Popular. Esta formación se defiende asegurando que lo que impide la ley es meter un símbolo dentro de otro y no las superposiciones o que una bandera se coloque junto a la otra. Tal argumentación es la más clara definición del absurdo.

Es de sentido común que aunar una bandera de partido junto a otra institucional forma parte de la libertad de expresión. Ninguna norma de rango inferior -como es la Ley de Símbolos- puede ir en contra de tan sagrado precepto. Así lo expuso la oposición cuando se debatió la norma. Y ha tenido que ser el propio PP quien mezcle ambas banderas buscando después una surrealista interpretación de que ambos símbolos no están mezclados.  A este paso, esta Ley puede abandonar pronto los páramos del absurdo para entrar de lleno en los vidriosos terrenos de la locura colectiva, ya mucho más allá de la befa, la carcajada o la más supina ignorancia.

Ahora la izquierda exige que el Executiu sancione a su propio partido. Para más inri, Bauzá es el presidente de la institución y de la organización política. ¿Se sancionará a sí mismo? ¿Se autoperdonará mientras persigue lazos cuatribarrados en los colegios? ¿O es acaso esta Ley un instrumento para permitir que el PP haga lo que le venga en gana mientras se persigue al resto de la sociedad si utiliza símbolos institucionales?

Bauzá, que ahora se ha autoerigido defensor de lo nostro porque las encuestas le vaticinan una importante pérdida de votos en la Part Forana, ya se ha topado de bruces con la bandera mallorquina en el primer dinar de matances que ha organizado tras imponer la Ley de Símbolos.

¿No comprende el president que la oposición se está frotando las manos? ¿No ve que la peor de las inseguridades jurídicas es divorciarse del sentido común?

Si el Govern no actúa ahora contra su partido y contra su propio president, cualquier otra intervención en materia de símbolos se convertirá en ridícula, cursi y desternillante.