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La insolidaria huelga de la EMT

sábado 12 de septiembre de 2020, 00:00h

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El fracaso de las negociaciones entre los sindicatos y la dirección de la EMT aboca a los ciudadanos a Palma a sufrir, desde este lunes, una huelga indefinida del servicio municipal de autobuses. La huelga llega al inicio del curso escolar y en un escenario desconocido hasta el momento, marcado por la pandemia y la crisis económica. La postura de los sindicatos para llegar al punto de ruptura y convocar la huelga pasa por reclamar, entre otras cosas, la recuperación de líneas y la actualización de pluses salariales que quedaron paralizados durante el confinamiento y la lógica caída del servicio.

La huelga indefinida llega después de varios paros parciales con un seguimiento del 60 por ciento del servicio y el consiguiente perjuicio para los ciudadanos que utilizan este transporte público. A diferencia de los conflictos en otros servicios municipales que amenazaban huelga -SMAP, ORA, Bicipalma- las negociaciones en el Tamib no han logrado acercar posturas y desconvocar los paros.

La imagen de unos trabajadores públicos que utilizan la huelga para reclamar incrementos salariales será difícilmente entendible por parte de los ciudadanos en la coyuntura de crisis actual, cuando miles de trabajadores se encuentran sometidos a ERTEs o en serio riesgo de perder sus empleos, cuando no directamente en el paro. Al contrario, la postura sindical se muestra profundamente insolidaria y muy egoísta.

Aunque tuviera decenas de autobuses parados durante meses, la EMT no ha aplicado ningún ERTE y ha mantenido la subida salarial del 2 por ciento a pesar de la crisis social y económica, consiguiendo una inyección económica de 16 millones de euros por parte del Ayuntamiento que le permite mantener sus planes. Ante este escenario, la postura sindical sólo puede calificarse de insolidaria e injustificada, por mucho que la concejal podemita Sonia Vivas respalde los paros, en contra de la postura del equipo municipal de la que ella misma forma parte. Una piedra en el zapato de Hila que el alcalde tendrá que gestionar.

Ni las razones esgrimidas ni el momento actual justifican la huelga; una acción que vuelve a situar a los ciudadanos como rehenes de trabajadores de servicios públicos esenciales que se consideran titulares de unos derechos superiores al interés general.