Hoy me gustaría hablaros de una generación que ha tenido que ser incombustible y me refiero a los nacidos entre los 60 y principios de los 70. Esta generación a la que yo pertenezco ha sido “la bisagra”, entre una generación totalmente distinta, que vivió con la España de Franco, en una sociedad anclada en la industrialización del siglo XX y la nueva generación, donde la tecnología ha dominado la sociedad.
Nuestra generación ha tenido que luchar con las viejas creencias, patrones antiguos que no sabían que era la igualdad, ni de clases, ni sexual, a una generación en la que todo vale, todos parecemos tener los mismos derechos y la vida es totalmente distinta a lo que pensamos que sería.
Yo pertenezco a esta sociedad en la que la revolución se centró en parte en la liberación de la Mujer, en la igualdad social y de derechos.Una generación en la que, seguíamos atadas a los dogmas antiguos de una sociedad retrógrada, pero con unos grandes valores, en lo relativo a la familia, a las amistades, al trabajo que dignificaba y una actual en lo que prima es la libertad, pese a todo y el divertimento, por encima de las obligaciones y los deberes.
Es por ello por lo que muchos de nosotros nos sentimos perdidos, entre lo que queremos y lo que debemos hacer. Cuidamos de nuestros hijos, solapando en cuidado de nuestros mayores, porque así nos lo enseñaron, pero criamos a adolescentes que posiblemente se olviden de esto, antes de lo que creemos, ya que sus valores, no tienen nada que ver con las nuestras.
Ellos no se sienten obligados a nada, sino que piensan tener muchos derechos y pocas o ninguna obligación. Ellos valoran su tiempo por encima de todo, pero no quieren renunciar a los placeres que da una buena economía.
Una sociedad que piensa que tiene privilegios de por vida, por hacer estudiado una carrera durante 4 o 5 años o a lo sumo 7 y no se dan cuenta que eso no es lo que les definirá el resto de su vida, sino que su formación, debería de nutrirles en valores universales hacia el Amor al prójimo y hacia un aprendizaje continuo. En cambio, les vuelven una sociedad egoísta, ególatra y con pocos lazos emocionales que le aten a nada ni a nadie.
Pertenecemos a esa sociedad que vivió la Noche pero que sabía que debería de madrugar por la mañana si no quería recibir una gran reprimenda por parte de sus padres, a esa generación llena de complejos y dudas, que nuestros mayores no sabían solventarlos, porque ellos no pudieron acudir a terapeutas, ni guías, ni maestros que les cambiaran la vida.
Una sociedad que, a la edad de criar nietos, casi estamos criando hijos, porque decidimos que primero era nuestra formación y profesionalidad antes que la familia y eso nos llevó a grandes crisis existenciales. Una generación que, a los 50 años, parecemos los jóvenes de 35 de antes, que parece no cansarse nunca y que tiene energía para conllevar a sus espaldas el peso de toda su familia, los antecesores y las generaciones venideras.
Por ello hoy desde aquí quiero aplaudirnos, por intentar adaptarnos a nuestros hijos y no haber pedido la fe en que un mundo mejor es posible. Por seguir cuidando de nuestros mayores y preocupándonos por crear un mundo mejor para los venideros, por seguir luchando para que otra realidad mejor sea posible y por no perder la ilusión de que mañana todo puede cambiar y el mundo puede volver a sonreír.
Gracias querida generación por brillar cada día y por ser la lumbre que iluminará a nuestros hijos, para crear un mundo más confortable para todos.