Todos los indicadores van en la misma dirección. España, con Balears a la cabeza, está saliendo lentamente de la crisis económica. Ya hay quien augura que el 2015 puede convertirse en el año en que florezca el optimismo por todas partes después de siete años de sufrimiento enorme. Si se cumplen las previsiones, habrá sido como la maldición bíblica de las vacas flacas.
Balears ha sido puntera. La recuperación ya se palpa desde hace tiempo al amparo de la solidez y profesionalidad de la industria turística. Pero aún queda mucho por hacer y, sobre todo, es preciso no olvidar jamás las lecciones del pasado. Tardará mucho tiempo antes que las actuales generaciones acaben de pagar los efectos de aquel enfebrecido boom de la construcción que a la postre llevó el pánico a no pocas cajas de ahorros y a millones de hogares.
La clase política, que propició aquella locura también ha de aprender la lección. El crecimiento brutal del suelo, las mareantes recalificaciones de terrenos, la subida desmedida de los precios de las viviendas y demás consecuencias de tamaña inconsciencia fueron en buena parte fruto de la falta de realismo de los dirigentes políticos, que consentían todo aquello sin ver que conducían a su propia sociedad hacia el abismo. Sólo importaban los votos y ganar las elecciones. Para ello también se multiplicaban las inversiones públicas y se caía en un endeudamiento monstruoso.
La sociedad que salga de esta crisis ha de ser forzosamente diferente: más austera, capaz de consumir solamente lo que puede pagar, ahorradora, previsora del futuro y, sobre todo, sensata. Estos han de ser pilares fundamentales del presente y del futuro.
También el modo de gobernar ha cambiado estos años. Ya no se trabaja tanto pensando en las próximas elecciones y sí mucho más en las próximas generaciones. A su vez los ciudadanos han comprendido que tienen que dar lo mejor de sí mismos en cada momento para seguir adelante.
De esta crisis saldrá una sociedad que ha sentido el miedo en el cuerpo. Pero también un sociedad más segura y más fuerte. Las crisis son terribles, pero cuando se vencen generan comunidades de extraordinaria solidez. Es muy probable que eso esté pasando en la actualidad.