La fortaleza del sector turístico balear se ponía de relieve este viernes con los últimos datos conocidos sobre gasto y número de turistas recibidos. Los extranjeros que visitaron las islas de enero a septiembre gastaron un total de 13.111 millones de euros, un 2,2 más de lo gastado el año anterior. Baleares fue, además, el principal destino elegido por los turistas internacionales que visitaron España en septiembre, con el 22,8 por ciento del total, por delante de Cataluña y Andalucía.
Poco nuevo hay en descubrir el liderazgo de la industria turística balear, aunque sí llama la atención el hecho de que las cifras sigan una línea ascendente a pesar de la nula promoción de la administración en temporada alta o el aumento de la competencia que suponen otros destinos que se han recuperado y que ponen todas las facilidades a la llegada de turistas, como se constatará en los próximos días durante la cita mundial que representa la World Travel Market de Londres. Son hechos que deben hacer reflexionar a fin de adelantar acciones que impidan que esta realidad se invierta.
El diagnóstico de la situación lo realizaban hace unos días dos voces autorizadas del sector, como son la propia Federación Hotelera y el CEO de Meliá, Gabriel Escarrer. En el primer caso, la presidenta de la FEHM, María Frontera, cuantificaba la inversión privada realizada por los empresarios por encima de los 1.700 millones de euros, lo que ha permitido modernizar más del 60 por ciento de la planta hotelera, con un resultado evidente en el incremento de la calidad, la mejora de la competitividad empresarial y el alargamiento de la temporada. Ahora es el momento en el que la administración corresponda a este esfuerzo empresarial poniendo en marcha políticas que contribuyan a dar seguridad jurídica y que incentiven la inversión, además de acometer la renovación de los espacios públicos en las zonas turísticas.
Este mismo argumento es el que esgrimía Escarrer al argumentar que Meliá ha invertido 250 millones de euros únicamente en la renovación de los once establecimientos de la compañía en Magaluf, un destino que ha registrado uno de los cambios más radicales en beneficio de un turismo de mayor poder adquisitivo. Por ello el consejero delegado de Meliá pedía un mayor compromiso de la administración a fin de impulsar la transformación definitiva de una zona demasiado marcada por los conflictos y la mala imagen.
Son recetas prescritas por el propio sector que obligan a la administración a coger el testigo, sin escudarse en el dato autocomplaciente que aportan las cifras ni en el falso argumento del incremento de la rentabilidad. El objetivo común debe ser el desarrollo de un sector que apuesta y cuyo éxito representa el aumento del progreso y el bienestar de toda una comunidad.