El Instituto Balear de la Familia (IBFamilia) constata el aumento alarmante en los últimos años de la violencia doméstica de hijos a padres en Baleares según los datos publicados por el INE.
Según la presidenta de IB familia, Mónica Gumá, "a nadie se le escapa que se debe acabar con la violencia contra las mujeres, verdadera lacra social en pleno siglo XXI. Y desde IBFAMILIA condenamos enérgicamente toda clase de violencia con las mujeres y emplazamos a las administraciones que pongan todos los medios para su erradicación. Ni una más!".
Gumá añade que "centrándonos en la violencia dentro del ámbito familiar, la violencia de hijos a padres es una lacra que está en boca de todos en los últimos tiempos, y no porque sea un fenómeno nuevo, sino porque ahora se le está poniendo voz y que está surgiendo por la falta de prevención en jóvenes que han acabado con conductas delictivas y donde los padres han perdido el control sobre sus hijos".
Según la Memoria 2018 de la Fiscalía General del Estado, en 2017 se registraron 4.665 delitos por violencia filio-parental, un 16,5% del total de los cometidos por jóvenes.
En Baleares, en el año 2018, la Oficina balear de la infancia y la adolescencia alertaba del incremento de la violencia filio-parental. Según fuentes, en 2019 se registraron 40 denuncias de este tipo hasta el mes de agosto, mientras que en todo el año 2018 la cifra fue de 58. La violencia dentro de las familias es una realidad que ha existido siempre, por desgracia, y que hoy en día sigue existiendo. Cierto es que años atrás estas situaciones quedaban escondidas en esa intimidad familiar en la que tenían lugar.
AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA
Según algunos fiscales destacados, los menores que llevan a cabo este maltrato a sus padres no cometen actos violentos fuera del ámbito familiar, en su mayoría. "Suelen ser adolescentes cuyos padres sienten la imposibilidad absoluta de enfrentarse a las situaciones que han generado, y que pasan de comportamientos desobedientes a la agresividad y la violencia". También constatan que estos casos de violencia doméstica se corresponden con la ausencia de patrones o reglas de conducta adecuados, "sin imposición de límites y normas", o con una "desacertada combinación de estilos sancionadores y permisivos que dan lugar en ocasiones a que el menor no acepte ningún control".
Ante ello, la presidenta de IBFamilia indica que "aa la impresión de que estamos pues ante un fallo educativo, y que no hubiera venido mal que en su momento estos padres hubieran corregido 'azonable y moderadamente a los hijos. Quizá el principal 'maltrato' que hoy sufren no pocos niños es la carencia de una imposición de límites y normas, por una educación sin norte".
La violencia expresada por los niños muy pequeños, suele empezar con las rabietas por conseguir caprichos y si son consentidas y no corregidas continúan aumentando hasta producir las primeras violencias. Enseguida empiezan a verse los signos de violencia en las discusiones o peleas con sus hermanos u otros niños, destrozando sus juguetes, rompiendo las plantas, pegando a los animales domésticos. Estas pequeñas demostraciones de violencia muchas veces son llamadas de atención hacia su persona, demostrando que necesitan más interés que el que están recibiendo. Por eso los padres tienen que estar muy atentos al grado de intensidad de las reacciones de los hijos ante las adversidades y de las situaciones que les produzcan contradicciones.
No se puede generalizar de ninguna de las maneras, cada familia es un mundo, pero las situaciones de violencia deben atajarse, y la única manera de evitarlas es mediante la prevención, prevención que se hace a través de la educación.
Ante cualquier caso de violencia dentro del seno familiar, lo más importante es buscar ayudas, ya sea institucionales o legales, y tomar todas las medidas necesarias para que esos menores no echen su vida y la de su familia a perder.
Por último, Mónica Gumá subraya que "desde IBFamilia queremos poner el foco en la permisividad social: se quiere educar sin utilizar la palabra ‘no’, sin aceptar la frustración y los niños se convierten en dictadores. La Autoridad paterna bien entendida también es amor. Apostamos por exigir con cariño a nuestros hijos".