A partir de la próxima semana y durante todo el mes de agosto, el tránsito de millones de viajeros por el aeropuerto de Son Sant Joan puede verse seriamente alterado a causa de las múltiples huelgas convocadas en diversos sectores. Desde los tripulantes de cabina de Ryanair a las subcontratas de la limpieza o los centenares de trabajadores de los servicios de tierra mantienen convocatorias de paros que, en el periodo más álgido de tráfico aéreo, pueden convertir el aeropuerto de Palma en una trampa para sus usuarios.
Durante las cinco semanas que pueden prolongarse los conflictos anunciados, Son Sant Joan espera más de cuatro millones de viajeros. Se trata del final de julio y de todo el mes de agosto, el periodo de mayor recepción de turistas de todo el año. Los sindicatos lo saben y presionan para conseguir sus reivindicaciones con la amenaza de colapsar buena parte de la actividad aeroportuaria.
Las reclamaciones laborales afectan a aerolíneas y a empresas subcontratadas por lo que Aena, gestor de los aeropuertos, ha optado por desentenderse del asunto. Es cierto que Aena no interviene en las negociaciones que han de mantener las empresas y sus trabajadores, pero considerarse ajena al tremendo caos que puede vivirse en los aeropuertos es un error que roza la irresponsabilidad. Especialmente cuando en algunos casos se trata de servicios subcontratados por la propia Aena, como el de la limpieza y el de los trabajadores del "handling" encargados de todos los servicios de tierra y que llevan dos años negociando el convenio colectivo. Aun así, Aena ha anunciado que no tiene previsto adoptar ningún tipo de medida para minimizar los problemas que podrían causar todos estos paros.
Convendría que el margen de tiempo que aún resta hasta que se produzcan los paros anunciados sea suficiente para desbloquear las negociaciones. Sólo así nos evitaremos la imagen de los pasillos llenos de basura o el colapso en el movimiento de maletas o las pasarelas de acceso a los aviones. Es una situación que Mallorca no puede permitir que se produzca en su principal infraestructura turística, la puerta de entrada y de salida de millones de viajeros, y sobre la que se echan de menos más opiniones de la administración y otros sectores impicados.