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Hay que incentivar a los empresarios para que haya más obras de mejora de hoteles

sábado 30 de junio de 2018, 00:00h

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Las reformas para mejorar la planta hotelera de Balears han supuesto una inversión total de 1.121 millones en los últimos tres años, según los datos conocidos esta semana. Son obras que han costeado las empresas para mejorar sus instalaciones, atraer turismo de mayor poder adquisitivo, aumentar la rentabilidad y posicionarse como un destino turístico de calidad. Es un círculo virtuoso en el que nuestra comunidad ha ido por delante concentrando el 36 por ciento de toda la inversión realizada en España en este tipo de obras.

Se calcula que tras unos años de febril actividad modernizadora, el 24 por ciento de la planta hotelera actual de Balears es nueva o ha sido mejorada, amentado las categorías de los establecimientos y actualizando su oferta para un público con mayores exigencias.

La situación actual, sin embargo, ha perdido el impulso que consiguió con la aprobación de la disposición transitoria de la Ley General de Turismo de 2012, con Carlos Delgado de conseller. Aquella ley abrió un periodo de cinco años en el que se favoreció la inversión privada con una serie de ventajas para ampliar establecimientos y aumentar sus categorías. Durante ese periodo, concluido en julio del pasado año, se produjo una avalancha de solicitudes que provocaron una sensible mejora de la oferta hotelera y relanzaron actividades colaterales como la de la construcción. Una vez cumplido el plazo y derogada la ley por el actual Govern, el panorama cambió radicalmente.

Como dato ilustrativo, en todo el 2017 se presentaron 177 solicitudes para mejorar instalaciones hoteleras en Balears, 174 en los siete primeros meses, aún dentro del plazo previsto por la ley, y tan solo 3 en los cinco meses restantes.

Para evitar el desplome en el número de proyectos de mejora, el Pacte elaboró una nueva disposición adicional que ha pretendido mantener la inversión con algunos incentivos, pero limitando el crecimiento, lo que argumenta la ralentización del proceso en los últimos meses.

Los datos conocidos esta semana mantienen aún bastante de la inercia inversora que tuvo su mejor momento hasta mediados del 2017. Convendría reflexionar si no hay que retomar los incentivos de los últimos años, especialmente cuando hay un tejido empresarial dispuesto a asumir riesgos y que expresa sus ganas de contribuir, con recursos propios, a reposicionar la oferta hotelera de las Islas, especialmente la de las zonas maduras.

Hacerlo tendría un efecto inmediato en la reactivación de sectores como la construcción y sus industrias auxiliares, aumentaría el empleo de calidad en el sector, mejoraría la oferta turística de las Islas y permitiría posicionar el destino en un mercado que cada vez es más competitivo.