¿Por qué son importantes congresos como el que tuvo lugar el miércoles en Trui Teatre?
Ya no sólo es importante el congreso LQDVI sino el hecho de hablar con los jóvenes porque en mi opinión, los sobreprotegemos. Vivimos en un mundo en el que parece que no queremos que nuestros hijos vean lo que sucede y creo que es un error, porque esos mismos niños, dentro de 15 años, serán adultos en un mundo que, por desgracia, desconocerán. El objetivo de mi ponencia fue darles un ‘golpe’ de realidad, romperles los esquemas y hacer un agujero en la sobreprotección que les han dado sus padres. Deben darse cuenta de que son unos privilegiados por nacer donde lo han hecho y que viven en un mundo que no es real, sino que es una burbuja donde 300 millones de personas viven bien, pero la tierra tiene 7.000 millones de personas que viven entre mal y muy mal.
¿Cuáles son para usted las principales causas de esa diferencia entre personas, dependiendo del lugar que nacen?
Debemos entender y tener presente que ciertas actitudes tienen unas consecuencias. En España se venden armas que provocan guerras que a su vez hacen que miles de refugiados huyan hacia occidente y no vienen a quitarnos el trabajo ni a invadirnos con su cultura, discurso usado por la extrema derecha que ya hemos visto como está calando en la sociedad. La gente que está huyendo intenta salir del mismísimo infierno y yo, que he tenido la desgracia de padecerlo, no me quedaría allí ni 30 segundos.
¿Cree que estamos ‘anestesiados’ ante los conflictos y la problemática ajena?
Creo que, más que ‘anestesiados’, somos indiferentes, nos da exactamente igual lo que pase en el mundo; son negros, son moros y nos importa un pimiento lo que les pase. El ser humano es un todo y no importa el color de piel que tengas o qué religión profeses, somos todos iguales.
Hay miles de refugiados que se desplazan por tierra o mar en busca de una mejor vida y, obviamente, hay que ayudarles, pero es consciente de que encontrar solución a este problema humanitario no se consigue en dos días.
El problema es que no hay una fórmula mágica pero tampoco creo que haya intención de encontrarla. El ser humano lleva matándose desde la época del Homo Sapiens, con lo que este ‘buenismo’ de “vamos a acabar con las guerras es mentira y nunca va a ocurrir. Nos hemos matado por el fuego, por el petróleo y dentro de 50 años nos mataremos por el agua, es así. Para encontrar soluciones debemos poner las cartas sobre la mesa y ser claros: para que haya un primer mundo debe existir un tercer mundo, porque para que tengamos teléfonos móviles necesitamos coltán - mineral compuesto por colombita y tantalita, de color negro o marrón muy oscuro, que se utiliza en microelectrónica – y si queremos combustible necesitamos petróleo; queremos recursos naturales pero no queremos pagar por ellos, con lo que fomentamos conflictos o colocamos dictadores que nos beneficien. Así de simple.
¿Quiere decir que nos movemos, simplemente, por dinero?
Efectivamente. El mundo se mueve por dinero y España es el séptimo productor de armas del mundo, con lo que el silogismo es claro: nosotros fomentamos la guerra, porque si no hay guerras no hay negocio y si no hay negocio no hay dinero, con lo que hay que hablar alto y claro y más a los chavales. Repito, el ‘buenismo’ de que hay que arreglar los problemas en las zonas donde se originan está fenomenal, pero es mentira, porque detrás hay intereses económicos y no se quiere arreglar. Le pongo un ejemplo: si hablamos del conflicto en Somalia, en guerra desde 1991, tenemos que ser conscientes de que los atuneros españoles no podrán faenar en sus costas y lidiar con el gobierno, que no existe desde el 91, no interesa; si queremos móviles buenos y a buen precio, el Congo debe seguir en conflicto, ya que si no se dispararía el precio de la telefonía y eso no interesa; el coltán debe seguir llegando a espuertas y a un precio inferior a su valor real.
¿Qué papel juegan los organismos internacionales en todo esto?
El tema funciona de la siguiente manera: El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene cinco miembros permanentes, es decir, que nunca se cambian, y que tienen derecho a veto; estos países son EE. UU, China, Francia, Inglaterra y Rusia, que a su vez son los cinco mayores traficantes de armas del mundo, y, es curioso que quien tiene que poner paz, tenga las armas.
No me negará que el discurso de que "el inmigrante que nos está invadiendo" está calando. ¿Cómo lo cambiamos?
Se cambia poniendo nombres y apellidos y datos. La ultraderecha usa datos para reforzar su mensaje xenófobo, pues bien, le daré datos: en 2018 han entrado en España 28.000 ilegales, es decir, hablando en su jerga, tocamos a cuatro negros por ayuntamiento; el ayuntamiento de Vigo se ha gastado un millón de euros en luces de Navidad, así que no se les ayuda porque no se quiere. Otro dato: que no nos vendan que nos quitan el trabajo, porque quienes están cosechando y recogiendo en Almería y a cuatro duros son ellos, no el español que desde el sofá de su casa dice que esta gente les quita un trabajo que ellos no harían en su vida. Hay que combatir la realidad con realidad, no existe ninguna invasión. El discurso que vende la extrema derecha y la extrema derecha camuflada de centro-derecha, es que cuando un español se va a trabajar fuera lo hace para prosperar y lo hace de manera voluntaria, para emprender, pero cuando un somalí o un magrebí viene a España lo hace para robar o para quitarnos el trabajo.
Otro motivo que se expone para poner freno a la llegada de migrantes es el del terrorismo. ¿Qué opina?
La realidad es diferente a la de este discurso, que lo puedes comprar o no, pero no es real. ¿Quiénes están detrás de los atentados de París?, los terroristas del Estado Islámico nacidos en Francia, franceses de tercera generación que, por un motivo u otro, se han radicalizado. ¿Quién le corta la cabeza al periodista James Foley?, un chaval de Manchester, tercera generación también… no, no vienen en patera los terroristas. Creo que la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué gente nacida en Europa, con posibilidad de estudiar, de formarse, de trabajar, se radicaliza? Quizá estemos haciendo algo mal y un poco de autocrítica no viene mal, porque dentro de 15 años estaremos muy jodidos.
El secuestro que sufrió por parte de Al Qaeda y lo que significó a nivel personal es de sobras conocido, tanto por que lo ha relatado en un libro como por sus apariciones en diferentes foros para explicar su historia, pero, ¿saca algo positivo de todo ello?
Hace dos años que estoy en libertad y mucha gente me aconseja que debería olvidar el secuestro, pasar página como se dice comúnmente, y siempre les respondo lo mismo; hay cosas que me ha enseñado el secuestro que no quiero olvidar. El secuestro es una oportunidad, buena y mala, pero una oportunidad para conocerme mejor y poder hacer un análisis de lo que he hecho en mi vida, y tengo la suerte de que esta vida me ha dado una segunda oportunidad y ese es el camino que quiero tomar. La lección que me ha transmitido el secuestro es la que intento aplicar a mi vida diaria; ahora valoro mucho más la vida y no tanto conseguir el mejor reportaje, como hacía antes, costara lo que costara; por eso voy a Siria en ese momento, porque el ego y la valoración que hacen de tu trabajo cuando cubres conflictos era lo más importante para mí. Al final piensas más en ti que en la gente a la que tienes que dar voz y el secuestro hace que cambie mi idea del periodismo y de la vida. No me puedo jugar la vida para que me den un premio, tengo familia, amigos y no puedo ser tan egoísta.
¿Cómo le pone nombres y apellidos al conflicto ahora, es decir, cómo es su forma de hacer periodismo en esos momentos?
Mire, lo que me ha dado el secuestro, además de un programa de televisión, es una visibilidad que antes no tenía y la aprovecho para dar voz a todas esas personas que me regalan sus historias todos los días. No participé en el Congreso LQDVI porque cubrí la guerra en Siria, sino porque me secuestraron, con lo que tengo que aprovechar los foros desde los que me dejan participar para tratar de hacer periodismo, no para hablar del secuestro, porque como me gusta decirlo, el secuestro fue un accidente laboral; lo importante es el trabajo que haces, no lo que te pase mientras lo estás haciendo. Debemos hacer pensar a los más pequeños, no sobreprotegerlos ni aislarlos del mundo en el que viven, y cuando me dan la oportunidad de abrirles los ojos soy muy duro mostrándoles la realidad porque creo que deben conocerla para poder cambiarla; al final van a ser ellos los que tengan la oportunidad de cambiar las cosas.