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Francina sumida

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 25 de marzo de 2025, 05:00h

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Francina Armengol debe ser una de las políticas baleares de más larga trayectoria, tal vez con la excepción de la también inquera María Salóm, o de Rosa Estarás o de la ibicenca Pilar Costa. Pero a diferencia de estas últimas que prefieren optar a cargos de perfil más difuminado, aquella acepta papeles de primera línea de fuego. Lo que, por supuesto, también conlleva un mayor desgaste, tanto por la mayor exposición mediática como por las decisiones firmadas.

Con nuestro sistema político, trayectorias tan largas sólo son posibles diluyendo la propia personalidad en el partido al que se está adscrito. Y como los partidos son organizaciones jerarquizadas esto se traduce en cuadrarse, en primer tiempo de saludo, ante los jefes. Una actitud, incluso puede resultar coherente sí se ocupa un puesto de segundo nivel. Pues no es muy diferente de lo que hace cualquier trabajador de una gran corporación. Sin embargo, cuando se es el primer responsable de una institución pública de gran relevancia como resultado de una elección específica la cosa cambia bastante. Dicho en otras palabras, se espera una actitud diferente de quien ha ganado sus estrellas o galones por sufragio.

Así, por ejemplo, cuando se está al frente un gobierno local, o de una comunidad autónoma, se puede esperar de quien ocupe ese primer puesto que anteponga los intereses de sus vecinos o de sus conciudadanos a los del propio partido, aunque sólo sea de forma aparente. Tal como vemos que hace, sin ir más lejos, García Page. Las apariencias también importan. Sobre todo, cuando el partido tiene como única orientación la voluntad del jefe. Sin embargo, Francina parece que acepta de buen grado no actuar de esta manera. Por el contrario, asume como propias las duras y caóticas restricciones impuestas durante la pandemia, cuando por sus hechos demostró no creer en ellas, o las compras de material sanitario aceptando apelativos cariñosos de corte machista, o la supresión de los convenios para inversiones en infraestructuras, etc.

Por supuesto, esta actitud se muestra más a las claras en su actual cargo de presidenta del Congreso. Quizás algo más comprensible dada la insuficiente separación de poderes de nuestro sistema. Aunque ha protagonizado escenas de auténtico bochorno, como cuando se ha prestado a seguir las instrucciones transmitidas con una simple, aunque contundente, mirada de su jefe. Y lo mismo se puede decir del tema de la mutualización de la deuda catalana, o del reparto de menores no acompañados, etc.

La evidencia de cada día es más contundente, el partido socialista está demostrando no tener más ideario que la cambiante opinión de su máximo dirigente, su líder supremo. Por lo que, de forma creciente, tiene que recurrir a retorcer las palabras y el lenguaje para elaborar sus argumentarios. La descalificación de los contrarios recurriendo al comodín de la ultraderecha, o del facha facha, va perdiendo fuerza por simple desgaste. También pierden credibilidad los medios de comunicación en papel que la apoyan.

Por todo ello, tampoco puede resultarnos extraño que el rostro de la expresidenta balear se haya vuelto adusto y sus expresiones, carentes del más mínimo sentido del humor relativizador o de empatía para con el gran público, transmitan amargura. Una sensación que no conseguirá rebajar el compartir ticket electoral con el agrio y chulesco Negueruela.

Sánchez, con el ánimo reforzar aún más su poder, está digitando a líderes sumisos como candidatos a diferentes comunidades autónomas, y a algunos municipios destacados, casi de un modo similar a como se nombraban a los antiguos gobernadores civiles o a los actuales delegados del gobierno. Sin embargo, esta forma de actuar no garantiza que los cabezas de lista constituyan el mejor cartel para sus propios intereses electorales. Es más, puede resultar incluso contraproducente cuando el partido alternativo actúa justo de la forma contraria. Esto es, otorgando a los líderes regionales la categoría de “varones” en la dirección nacional. Tal vez, está misma duda la tenga el propio Pedro, y por eso se reserva a la más joven Rosario Sánchez, -a todas luces una cara más amable y con menos “mochila”- para poder dar un volantazo de última hora.

En cualquier caso, sin duda será interesante observar sí resulta más exitoso el “desde arriba hacia abajo” socialista o el alternativo “desde abajo hacia arriba” del centro derecha.
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