La reunión televisada entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, ha dejado en evidencia una realidad que Europa no puede ignorar: la fiabilidad de Estados Unidos como socio estratégico está en entredicho. Durante el encuentro, Trump advirtió a Zelenski que sus acciones podrían desencadenar una tercera guerra mundial, evidenciando que la Administración Trump está más alineada con Moscú que con Kiev.
Europa debe tomar las riendas de su propia seguridad de manera urgente. Durante años, el continente ha confiado en el paraguas defensivo estadounidense, pero las actuales circunstancias obligan a replantear esta dependencia. La reciente cumbre en Londres, convocada por el primer ministro británico Keir Starmer, es un paso en la dirección correcta. En ella, líderes europeos acordaron trabajar en un plan de paz para Ucrania que, inicialmente, no incluye a Estados Unidos, como respuesta al ninguneo que el mandatario norteamericano lleva infligiendo al viejo continente desde que llegó al poder en su segundo mandato presidencial.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido claro en su postura. Ha defendido la integridad territorial de Ucrania y ha enfatizado que las relaciones internacionales deben basarse en alianzas, no en sumisiones. Además, ha abogado por reforzar las capacidades europeas de defensa que garantice la autonomía estratégica de la Unión Europea.
Es hora de que el continente asuma la responsabilidad de su defensa, fortaleciendo sus capacidades militares
Sin embargo, los socios de Sánchez que comparten el Gobierno de coalición, Sumar, no comparten esta visión de fortalecimiento militar que conlleva un importante aumento del presupuesto de Defensa, lo que debilita la posición de España en un momento crítico. Esta es una vulnerabilidad que puede tener repercusiones en la cohesión y eficacia de la política exterior y de defensa del país.
La debilidad de Europa en este contexto es palpable. La dependencia histórica de Estados Unidos ha llevado a una complacencia en el desarrollo de capacidades defensivas propias. Ahora, con un aliado transatlántico cuya lealtad es incierta, es necesario que Europa invierta en su propia seguridad. Esto no implica una deriva militarista, sino una respuesta pragmática a las realidades geopolíticas actuales.
La advertencia de Trump a Zelenski demuestra que Europa no puede seguir delegando su seguridad en terceros. Es hora de que el continente asuma la responsabilidad de su defensa, fortaleciendo sus capacidades militares y asegurando una posición unificada en el escenario internacional. Solo así podrá garantizar su soberanía y estabilidad en un mundo cada vez más incierto.