Puede parecer cosa menor con la que está cayendo, pero no lo es tanto, ya que de nuevo España vuelve a quedar como parece que quieren que nos perciban desde fuera: Pandereta y bandoleros. Y lo malo es que somos nosotros mismos quienes lo provocamos.
Como director de la única publicación dedicada a los delitos contra el arte y el patrimonio, que son muchos y variados, me veo en la obligación de traer a estas páginas un asunto que tan pronto se publicó en los medios generalistas, ya ha pasado sin pena ni gloria: El asunto de la reclamación del Pissarro que tiene el Museo Thyssen.
Alguno se preguntará que importancia tiene un óleo reclamado por una familia judía desde hace 20 años, y que está en uno de los museos de titularidad nacional más famosos de un país (España), que ha firmado todos los convenios internacionales, habidos y por haber sobre el expolio nazi, como los Principios de Washington, la Declaración de Terezin y convenciones de la UNESCO, haciendo gala de su apoyo a la justicia social universal y restablecer los derechos de los perseguidos (Ley de la Memoria Democrática), y el flamígero enfant terrible de la Plaza del Rey parece que está mirando hacia otro lado, seguramente porque el director técnico del Thyssen es colega de partido y quiere evitar que pase por este calvario.
La familia que reclama, los Gassirer, no son unos cualquiera. Llevan 20 años litigando y gastados más de 3 millones de dólares en costas legales y parece que no van a dar el brazo a torcer. Son judíos, y los hebreos son tozudos con estas cosas de la Shoah. Encima cuentan con las simpatías y solidaridad de la Opinión Publica internacional, cuestiones en las que España suele pifiarla sonoramente, por no decir otra cosa.
El hecho que el asunto de la restitución del Pissarro, vuelva esta vez al Tribunal Supremo de los Estados Unidos anulando la resolución anterior, no es baladí. Poco me equivoco, si la familia Gassirer no va a empezar de nuevo su batalla con una estrategia en doble vía: Legal y la mediática. Es decir enfatizar el bochorno. Y tampoco creo equivocarme si digo, que los palos le van a caer al Zagal Cultural, que para algo es el que ministrea y manda en los museos de titularidad estatal. A ver como se las apaña para explicar al mundo que la Memoria Democrática es selectiva.
De hecho, la campaña mediática ya ha empezado, calificando a España como posible país refugio de obras expoliadas por los nazis. ¿Cómo pedimos a otros países que nos devuelvan lo que nos han robado si nosotros no hacemos lo mismo?.
La otra gran suerte que tiene (o ha tenido hasta el momento) el Museo Thyssen, es que la comunidad hebrea en España es discreta y no se moviliza en concentraciones. A Tita Cervera le gusta encadenarse a los árboles en plan Dominatrix delante del Museo Negociado para que no los talen, aunque no sé si disfrutaría tanto si se plantasen delante del museo algún grupito con pancartas denunciando que su colección esta sucia o sospechosa de proceder del expolio nazi, circunstancia que por cierto, nadie ha investigado demasiado teniendo en cuenta los antecedentes familiares del difunto barón.
El Pissarro del Thyssen es una obra manchada por su pasado, y desde luego no es el único museo español que conserva obras de arte procedentes del expolio. Hay unos cuantos más, por no hablar despachos de presidencias y consejos de administración de bancos y fundaciones y colecciones privadas.
La suerte que han tenido los museos españoles, es que los judíos y otros damnificados no se han puesto a buscar en serio. Por dar alguna pista, sugeriría algún museo gallego, vasco o catalán…Otra manera de hacer turismo cultural.
He hablado con algún exconservador de museos. Me dicen lo de siempre: Que obras de arte procedentes del saqueo nazi que acabaron en España, son como las meigas, haberlas, haylas, pero nadie se moja. Es de suponer que una vez ganada la plaza por oposición, opinan que lo mejor es no remover el estercolero, que eso es mucho lío y da trabajo y total, van a cobrar lo mismo.
Como perito judicial he visto mucha pintura europea en colecciones privadas cuya historia se remonta a los años 50. Las historias familiares al respecto siempre tiene una razón científica: “dicen que mi abuelo lo compró a un médico o a un químico o a un veterinario o a un farmacéutico…” pero siempre, curiosamente, alemanes y austriacos refugiados. Cuando proponía investigar su procedencia más allá de los años cincuenta, se terminaba el peritaje.
Cuarenta años de franquismo germanófilo (al principio) dio para mucho y cincuenta años de democracia indolente afectada de desidia, laxitud y flojera son el colofón para olvidarse del asunto.
Nadie sabía nada. Es inevitable recordar al marqués de Leguineche de Patrimonio Nacional cuando argumentaba ofendidísimo al inspector de hacienda, acerca de sus incumplidas obligaciones fiscales durante más de cuarenta años “Negligencia quizás. Malicia ninguna”.
Jorge Llopis Planas, director de pecadosdelarte.com