Wikipedia dice que “El bocadillo de calamares es una especialidad culinaria muy frecuente en la capital de España consistente en calamares rebozados en harina y fritos en aceite... Este tipo de bocadillo es tan popular que puede encontrarse en la mayoría de los bares de la capital española, siendo muy típico de la Plaza Mayor de Madrid”.
Parece ser que la llegada en el siglo XIX de la influencia cultural y gastronómica de Andalucía y de la cocina del norte de España, son los “culpables” de que los calamares enharinados y fritos, que se conocen como “a la andaluza” se empezaran a consumir en Madrid.
Como los calamares quedan muy bien en un bocadillo, al no tener espinas, y un bocadillo es un formato muy cómodo para comer en cualquier sitio sin tenerte que sentar necesariamente en la mesa de un bar o restaurante, en Madrid se fueron haciendo cada vez más populares, sobre todo a partir de los años 50, entre jóvenes, estudiantes y trabajadores.
La fama, por lo tanto, la tiene Madrid. Yo he comido el bocata de calamares allí, en el Brillante, y en Valencia, pero como en Ciutadella y en Palma, en ningún sitio, y no es obtuso chovinismo. Como mi vida transcurre sobretodo en Palma, hace un par de meses me propuse ir en busca del mejor bocata de calamares de la ciudad.
Hace 15 años ya era un asiduo a este bocadillo, incluso hice una “Ruta” que publiqué en el blog gastronómico Café y Más. El desaparecido bar Casa Mikel, cerca del Mercado del Olivar, era cita obligada en el desayuno de muchos viernes, con los colegas. A según que horas había cola en la calle, y no eran pocos los que venían a buscar bocatas para sus compañeros de trabajo. La Fonda de Soller en Palma, el Bar Martí, el restaurante del Colegio de Abogados, el Bar Tusla, el Azabache, el restaurante Mercat, en el Olivar, el Nica eran algunos de los más top. Pero como algunos han desaparecido, estoy haciendo una nueva ruta en Palma.
Lo siento por los madrileños, que tienen muchísimas cosas buenas, pero el bocata de calamares, aunque seguramente lo inventaron ellos, aquí lo hemos pulido, lo hemos perfeccionado y mejorado, le hemos puesto nuestro savoir faire, le hemos dado jugosidad con el tomate, a ser posible de ramallet, un buen aceite de oliva, en algunos casos la mahonesa, aunque mejor que sea aparte, opcional, y con todo esto lo hemos elevado a la categoría de desayuno casi de lujo.
O sea que, en breve voy a publicar una nueva Ruta del Bocata de Calamares de Palma, coronando el mejor bocata de la ciudad, o el pódium de los tres mejores. Más adelante lo haré en la part forana, también en Menorca y, aunque esto será más difícil, en Ibiza.