"En invierno es más o menos asumible pero en verano es para echarse a llorar, cuenta a mallorcadiario.com Christian Montoya, autor de los vídeos, vecino y visitante diario desde hace diez años. "Buceas y ves todo el fondo cubierto de basura", asegura.
En el primer vídeo muestra un cubo de plástico que alguien sacó del mar y abandonó en la playa: un día más tarde ahí seguía y hasta arriba de basura. Residuo llama a residuo.
En otro, explica cómo hace unos días se cruzó con un grupo de jóvenes que bajaban con bolsas y vasos y les pidió que no dejasen su basura en las rocas. Ni caso: 24 horas después, las dos bolsas de plástico y demás
"Temo la Noche de San Juan", dice. "Cada año es lo mismo. La gente baja con velas del Ikea, bolsas, comida y bebida y lo deja ahí como si no pasara nada. Deben pensar que se recoge solo", lamenta.
Por ello, exige campañas y medidas concretas al Ayuntamiento de cara a la celebración de la noche más corta -y sucia- del año.
De no hacerlo, cantidades ingentes de basura se sumarán a los ocho millones de toneladas de plástico que cada año acaba en el mar, permaneciendo y contaminando irremediablemente el sistema durante siglos. Tanto es así que en 2050, habrá más plásticos que peces.
La necesidad de un cambio drástico de consumo es mundial y urgente. La misma ONU alertaba hace unos meses en su Informe Mundial de Medioambiente de la necesidad de un compromiso transfronterizo para reducir los plásticos de un solo uso. De ahí, la necesidad de no generar residuos y en caso de hacerlo, que sean biodegradables. Tan sólo en España más del 50 por ciento del plástico termina en los vertederos sin ser reciclado.
"Es cuestión de educar desde pequeños", explica Christian. "Mis hijos me ayudan a recoger los residuos que nos vamos encontrando por la playa y las rocas. Si el vecino, en cambio, deja la lata y la colilla en la arena, su hijo también lo hará", concluye.