¿En qué consiste la labor de un torcedor artesanal de puros?
Lo que hace un torcedor —nombre del oficio— es elaborar los puros. La paradoja es que tú tienes que torcer sin que se tuerzan las hojas. Si las hojas se tuercen entre sí, no combustionan, y, en consecuencia, el trabajo está mal hecho.
¿Desde cuándo se dedica usted a esta labor?
Yo diría que casi desde niña, porque en casa ya se hacía. Por tanto, ha sido una consecuencia natural que yo también sea torcedora.
¿Se necesita una titulación específica para ejercer este trabajo?
No, no. Se trata de un oficio en el que la experiencia y la destreza de las manos es lo que manda, pues se requiere una sensibilidad que hace que no todo el mundo sea apto.
¿Cuál es la principal diferencia entre un puro artesanal y uno hecho en un proceso industrial?
La principal diferencia es la mano. Cuando estás trabajando, el puro es tu reflejo. Si tú estás triste, el puro lo absorbe. Si no estás concentrado, cuando miras el corte ves que no está recto o que las cabezas no te quedan con la curvatura que deberían tener. Entonces, tienes que tirar ese puro, porque cuando lo tocas ya ves que no está bien.
¿Cuántos puros puede hacer usted de media en un día?
Depende de muchos factores, por ejemplo del condicionante del clima, pues los niveles de humedad que hay influyen muchísimo en la elaboración de un puro. También influye el propio nivel de concentración. En ese sentido, para obtener los mejores resultados de productividad, lo mejor es tener el teléfono móvil fuera, pues este oficio requiere siempre un gran nivel de concentración. Dicho esto, en una jornada continua de ocho horas puedo llegar a hacer entre 120 y 130 puros de un mismo modelo.
"La principal diferencia entre un puro artesanal y uno hecho en un proceso industrial es la mano"
No está nada mal...
Como yo no tengo una línea de producción como la que podría haber en una fábrica, me es muy difícil poder precisar una cifra exacta. Por otra parte, tengo la habilidad de hacer tanto tripa larga como figurado, algo que puedo realizar en un mismo día.
Un amigo mío siempre decía que "quien tiene duros, fuma puros". ¿Esto sigue siendo así?
Sí, sigue siendo así, si bien antes los duros estaban asociados más a un estatus intelectual que a uno material. A mi modo de entender, el puro es el artículo de mayor ostentación que se puede tener en las manos.
¿Por qué motivo?
Por una razón muy simple, que no es el hecho de tener dinero para poder poseerlo, sino la posibilidad de disponer de tiempo para poder disfrutarlo. El problema es que hoy no hay tiempo para nada. Este es el quid de la cuestión. Por tanto, de qué sirve que tengas los duros, si no tienes el tiempo para disfrutar de un puro.

¿A usted le gusta fumar puros?
Sí, me gusta, pero lo que pasa es que no debo.
¿Por qué no debe fumarlos?
Porque yo necesito mi paladar lo más limpio posible para poder catar las ligadas que he hecho. Por tanto, si yo me aficionase a fumar, acabaría deteriorándome el paladar para catar.
"A mi modo de entender, el puro es el artículo de mayor ostentación que se puede tener en las manos"
¿Qué le diría a quienes critican los habanos?
Les diría que cada persona entiende la vida desde un prisma y que, por tanto, se debe respetar tanto a la que quiere fumar puros como a la que no quiere hacerlo. Todas las posturas son válidas. Por tanto, considero que inducir a una persona a hacer una cosa u otra es irrespetuoso.
Hablemos ahora de su patria. ¿Hasta qué edad vivió usted en Cuba?
Hasta los veinte años. Me fui de Cuba y recalé en Ibiza. Probablemente era mi destino. Elegí la isla pitiusa por la libertad. Estuve treinta años allí. Y luego me trasladé a Mallorca, en donde vivo desde hace un año y medio. Esta isla te ofrece un abanico de servicios tanto culturales como sociales que, desafortunadamente, Ibiza no tiene, por una cuestión meramente logística.
La libertad que encontró en Ibiza no existía en su país...
Así es. Mire, le contaré una anécdota. ¿Sabe usted lo que es estar con diecinueve años en un calabozo, en Varadero, por haber hecho top-less, con unas tetas fantásticas? A las cubanas nos metían en un calabozo por ello, algo que no ocurría con las turistas, a pesar de que ellas tenían unas tetas horribles, blancas y chafadas —sonríe—.
¿Cree que Cuba está hoy un poco mejor que hace diez o veinte años?
No. Desafortunadamente, es hoy un corcho que flota en el Caribe. Y digo que flota por no decir que está a la deriva. Cuba está absolutamente desgobernada y devastada económica, social y políticamente. A pesar de mi gran pasión por Cuba, no le veo una solución viable a corto plazo.
¿Y la gente del exilio podría ser una solución?
La gente del exilio podría ser una solución si no fuera egoísta y egocéntrica. El problema es que no se puede hacer patria desde tu casa y que el eje sea tu casa. La patria requiere de otras cosas. Hay que hacer patria con ideales.
"Cuba es hoy un corcho que flota en el Caribe. Y digo que flota por no decir que está a la deriva"
¿Mantiene el contacto con su familia de Cuba?
Sí, lo mantengo. Además, en septiembre del año pasado estuve en Cuba, tras diecinueve años sin ir. Dolía, dolía un poco.
¿Cómo fue la experiencia de ese viaje?
Fue una experiencia terrible. En primer lugar, porque Cuba es hoy un país viejo, ya que en un periodo de unos dos años hemos tenido un éxodo migratorio de unas 400.000 personas, que ha sido instado por el Gobierno encubiertamente. En un país cuya población era de 11 millones de habitantes, ese flujo de emigración es altísimo. Además, la mayoría de la gente que ha emigrado era gente joven, con lo cual el país ha hipotecado su futuro hasta cierto punto y su continuidad como identidad.
¿Qué diría del actual presidente, Miguel Díaz-Canel?
El individuo que ostenta la presidencia de Cuba, y le digo individuo porque no encuentro otro calificativo, es un ser que, al igual que una parte importante de la oposición, sólo se está mirando el ombligo. Y al mirarse el ombligo, no alcanza a ver al pueblo, un pueblo que está devastado emocionalmente y desestructurado en términos generales. Todo esto es sin duda muy lamentable.
¿Cuáles son las carencias que hay hoy en su patria?
Hay carencias educacionales, médicas y familiares. En cuanto a la economía, para qué hablar de ella ya, esa es una palabra que allí no existe. Por todo ello, sinceramente no sé hacia dónde va mi patria. La mayoría de la gente está esperando a un Mesías que venga a arreglar Cuba, pero cada día se rompe tanto y se resquebraja tanto, que yo no creo que haya un Mesías ni una varita mágica que lo arregle. Porque hay que reconstruirlo todo, absolutamente todo.
Es cierto, sí...
Por mi parte, yo trabajo cada día de mi vida para ayudar a que llegue ese cambio. Si ese cambio democrático llegase, yo me veo viviendo y trabajando de nuevo en Cuba, y colaborando activamente en esa transición. De hecho, tengo muchos planes en mi cabeza. Sería la mujer más feliz de este planeta si, por ejemplo, consiguiera ayudar a establecer una red de ferrocarriles que fuera de un extremo a otro de Cuba.
"Si el cambio democrático llegase, yo me veo viviendo y trabajando de nuevo en Cuba, y colaborando activamente en esa transición"
Ama usted mucho a su país...
Llevo Cuba donde quiera que vaya, porque yo soy Cuba.
¿Cuál era su cantautor cubano favorito?
Sin duda, Pablo Milanés. En cambio, nunca he empatizado con Silvio Rodríguez.
¿Le gusta también la música española?
Sí, sobre todo el flamenco, porque está vivo. El flamenco se fusiona con otros estilos y se hace jazz, salsa o reguetón.
¿Su declarada pasión por Sevilla tiene que ver también con la música?
Así es. Tiene que ver con la música y también con el carácter de su gente. Para mí, Sevilla representa la conexión del siglo XVIII con el siglo XXI, es decir, la fusión del abolengo con la modernidad, que es lo que debería haber sido Cuba simplemente.
También le agradan los toros...
Efectivamente. Me gustan porque están vivos y por la masculinidad que se desprende en los festejos taurinos. No he encontrado nada similar ni que me sacie tanto como una tarde de toros.
"Me gusta el flamenco, porque está vivo. El flamenco se fusiona con otros estilos y se hace jazz, salsa o reguetón"
Me han contado que asistió usted a la boda de José Luis Martínez Almeida...
Bueno, yo fui a la boda de mi amiga Teresita —Teresa Urquijo—, que da la casualidad de que fue la muchacha que se casó con el actual alcalde de Madrid —sonríe de nuevo—. Yo conozco a Teresita porque forma parte del equipo de recursos humanos de una empresa multinacional que colabora activamente con un proyecto mío de ayuda a Cuba.
¿Qué le pareció que en 2018 España cediera a Cuba la silla del líder independentista Antonio Maceo?
Mire, como cubana y como criolla, me siento realmente ofendida por la cesión a Cuba del asiento de Antonio Maceo, que estaba aquí en Mallorca. Y me parece aún peor que los infames que ocupan hoy el Gobierno en mi país pidieran una prórroga para seguir poseyendo ese bien.
¿Cuál es el valor de esa silla?
Los trofeos de guerra son trofeos de guerra. El general español Valeriano Weyler —gobernador de Cuba entre 1896 y 1897— ganó en el campo de batalla a Antonio Maceo, y como trofeo se adjudicó su asiento, que es un trozo de tronco de palmera. Para mí, es ofensivo, absolutamente ofensivo, que un trofeo de guerra, de valor económico cero, se devuelva. Y en este caso yo hablo como perdedora. Prefiero mi dignidad de criolla antes que la ofensa de la silla devuelta, porque no la ganamos en el combate.
¿Cuál sería su conclusión sobre este asunto?
Mi conclusión sería que creo que Cuba y España tenemos una historia lo bastante rica, reconciliadora, tolerante y permisiva como para que a estas alturas ocurran cosas como esta.