Este miércoles día 19 el retrato del político socialista Vicenç Thomàs será colgado junto al de otros expresidentes, en la Sala del Senado del Parlament de les Illes Balears. Es llamativo que Thomàs, que dejó el cargo en junio de 2023, cuenta ya con su cuadro y no suceda lo propio con el de la expresidenta Xelo Huertas, que dejó el puesto en enero de 2017. A pesar de que hace ocho años que dejó la presidencia, la institución no ha considerado oportuno encargar su retrato, sin una causa legal que lo justifique; pero sí el de Thomàs, que hace poco más de año y medio que cesó.
Esta flagrante y malévola omisión evidencia una disputa de viejas cuentas políticas, de la mano de Vicenç Thomàs, y abre un interrogante sobre la manera en que se construye la memoria institucional en el Parlament. Este episodio, que puede parecer meramente anecdótico, no lo es.
El retrato de Thomàs, encargado y ejecutado con una celeridad inusitada, será ubicado en lugar preminente, mientras sus dos predecesores, Balti Picornell y Xelo Huertas son obviados por una decisión aberrante de la Mesa del Parlament de la X Legislatura que debiera ser corregida con un nuevo acuerdo impulsado por el presidente Gabriel Le Senne. Si bien Picornell pidió que no se elaborase su retrato, no sucedió así con la expresidenta Huertas, que ha sido cancelada sin que conste motivo legal alguno.
Para bien o para mal, Huertas fue presidenta de la Cámara autonómica entre junio de 2015 y enero de 2017, elegida democráticamente
La ausencia del retrato de Xelo Huertas es de una falta de rigor histórico clamorosa, pues para bien o para mal, Huertas fue presidenta de la Cámara autonómica entre junio de 2015 y enero de 2017, elegida democráticamente. El socialista Antonio Diéguez tiene su retrato, pese a haber ocupado la presidencia tan sólo 21 días.
El acto de colgar el retrato de Thomàs, sumado a su decisión descortés y grosera de no invitar a Huertas al acto institucional con motivo de los 40 años del Estatut d’Autonomia, adquiere tintes de venganza.
Los retratos, en tanto elementos de identidad y continuidad sufragados con dinero público, deberían ser un homenaje a la labor desempeñada en favor de la ciudadanía, y no instrumentos para ajustar cuentas ni para juzgar la trayectoria política. Si no hay causa legal que lo impida, Huertas debe estar en la galería de expresidentas del Parlament. Con igual derecho o incluso más que Thomàs, quien estuvo imputado tras una denuncia de la Fiscalía Anticorrupción, algo que no sucedió nunca en la persona de Huertas. Además, el hijo de Thomàs, con 23 años, fue enchufado en 2015 como asesor en la Conselleria de Treball, Comerç e Indústria, un cargo de confianza retribuido con 46.000 euros anuales, en lo que parece un clarísimo caso de nepotismo.
Convendría que el presidente Gabriel Le Senne ponga orden en esta cuestión y protocolice el encargo del cuadro de los expresidentes, pues ya puede calcular que él será el siguiente en ser cancelado.