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El hombre que abrazaba las esculturas

Por José Manuel Barquero
domingo 22 de septiembre de 2024, 04:00h

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Jaume Plensa lleva cuarenta años paseando su obra por el mundo, y eso le convierte en uno de nuestros artistas vivos más reconocidos y universales. Como es tradición en España, triunfó antes fuera que en casa, pero gracias a Dios no nos guarda rencor. Es más, en lugar de instalarse en Nueva York, París o Mali, tan exótica, Plensa mantiene su taller en un polígono industrial de Barcelona, en una nave con aires de siderurgia de los años setenta. Sus esculturas monumentales ocupan el espacio público de Chicago, Calgary, Ogijima, San Petersburgo o Gustavsberg, pero dice que el Mediterráneo sigue siendo su hogar. Quizá por eso se le notaba encantado el pasado jueves inaugurando su exposición Mirall en la Lonja de Palma, una maravilla del gótico civil plantada hace seis siglos a orillas del mar.
El vínculo de Plensa y de su obra con el agua es evidente, pero él mismo se reconoce un inútil para nadar. Hasta que un día se bañó en el Mar Muerto, y flotando por fin feliz en aquella salinidad tan densa pensó que cada uno debe encontrar el mar adecuado para nadar, o sea, su lugar para desarrollarse. Las cabezas gigantes de Plensa flotan en el espacio mágico y vertical de Sa Llotja, y al verlas allí expuestas pensé que también ellas habían encontrado su lugar en el mundo. Dice el artista catalán que “casi más importante que saber dónde ir es saber dónde volver”. Quizá haya sido esa sabiduría del viaje inverso la que por fin ha traído su obra a Mallorca.
Plensa acaricia el metal, la madera y la piedra de sus obras como si fueran terciopelo. Cree que necesitan cariño para que no se vuelvan rígidas. El respeto de Plensa por el espacio público es una forma de amor a la comunidad que manifiesta a través de la belleza de sus figuras. En tiempos de tanto bodrio asociado a la alta cultura, se agradece que este hombre no tenga miedo de hacer arte bello. Esa valentía de Plensa permite un flechazo inmediato con su obra. El espectador no necesita un pensamiento sesudo o un estudio previo que le permita conocer el discurso humanista que da coherencia a la trayectoria del artista. Su arte ilumina, emociona y es capaz de transformar nuestra mirada sobre el mundo. ¿Se puede pedir algo más?
Vendan lo que vendan los actuales mercaderes del arte, la belleza canónica siempre será la forma más democrática del arte porque es capaz de conectar con cualquier persona dotada de una mínima sensibilidad, o simplemente de sentido estético. Por eso lo bello tiene todo el derecho a ocupar el espacio público, mucho más que los adefesios que hoy algunos oportunistas pretenden pasar por arte.
Jaume Plensa introduce siempre elementos de reflexión poética a través de su obra. Sus esculturas son acogedoras, pacíficas, meditantes. El dedo en los labios de las figuras expuestas en La Lonja no pretende hacer callar, sino generar un silencio que nos permita escuchar mejor al otro. Para escuchar a Plensa hay que acercarse a él, porque su hablar es susurrante y desliza más preguntas que respuestas, como si esperara que tú le aclarases algo. En el documental ¿Puedes oírme? (estrenado en 2020 y disponible en Filmin) aparece Plensa contemplando una de sus cabezas instalada frente al Rockefeller Center de Nueva York, mientras le pregunta a un vendedor de perritos calientes qué le sugiere la figura. No es fácil asociar el genio a la humildad, pero a veces sucede el milagro.
Nadie duda de la obligación de las administraciones públicas de garantizar el acceso a una vivienda digna, o de proveer sanidad y educación universales. Que haya personas que las pasan canutas para llegar a fin de mes es una realidad que no puede ocultar otras necesidades, las del espíritu. El arte es alimento para el alma, y en palabras de Plensa, “enriquece el mundo interior que nos mantiene en pie”. Así que, ideologías al margen, hay que felicitar al Govern balear por organizar una muestra que no está al alcance de la iniciativa privada. Para el artista catalán “Internet ha cambiado el espacio público, porque hoy cualquier lugar es un lugar en el mundo”. Si esto es cierto, nadie dudará que la exhibición de su obra en Sa Llotja sitúa a nuestra comunidad en el mapa mundi del arte contemporáneo.
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