La emoción de Dulce Pontes abrió el Jazz Voyeur Festival con un concierto que fue un punto y seguido brillante en su trayectoria.
La portuguesa dio un recital con un estilo más allá del fado. Como se esperaba, realizó una auténtica exhibición de las cualidades asombrosas del timbre y la potencia de su voz.
El espectáculo fue sencillo y luminoso, que invitó a lo mejor y más exitoso del repertorio de la diva portuguesa. Fue un concierto especiado y sazonado para la ocasión con un buen puñado de canciones de diversos compositores que poco a poco fueron flotando por el teatro.
Todo esto a base de un cuidadoso proceso de destilación, desnudado de prosa superflua para lograr rozar su alma poética. En esta noche palmesana demostró que viene ahora con la idea de retornar a la sencillez, de alejarse de lo orquestal para volver a la esencia primera del alma pura de la canción.