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De Bro a Cringe: La evolución de la jerga juvenil en la era digital
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(Foto: J. Fernández Ortega )

De Bro a Cringe: La evolución de la jerga juvenil en la era digital

Por Josep Maria Aguiló
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jmaguilomallorcadiariocom/8/8/23
sábado 08 de febrero de 2025, 13:32h

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Bro, random, cringe, hype, tener flow, stalkear, bae, crush, lol, pec, en plan... Es posible que muchas de las palabras o de las expresiones que utilizan quienes vinieron al mundo aproximadamente entre 1995 y 2010 —conocidos como 'Centennials' o miembros de la Generación Z— sean poco o nada inteligibles para las generaciones anteriores, salvo si cuentan con la ayuda de una guía. Cada generación tiene su propia jerga juvenil. Así ocurrió con los españoles nacidos en los años cincuenta y sesenta, y ocurre ahora con los más jóvenes.

En el lenguaje que usábamos los jóvenes en los años ochenta, una cosa que nos gustaba era chachi piruli o dabuten, una cerveza era simplemente una birra y un asunto delicado o peligroso era considerado muy chungo. Del mismo modo, alguien poco recomendable era un capullo; si algo nos sorprendía, flipábamos en colores, y cuando no queríamos hacer algo, sencillamente decíamos ni hablar del peluquín.

El listado de palabras y de frases hechas que utilizábamos hace cuatro décadas los adolescentes de entonces sería casi inacabable, como seguramente podrían corroborar muchos de los lectores de este reportaje. Paralelamente, el uso de determinadas expresiones dependía a veces de la tribu urbana de la que uno formase parte en aquel momento, como por ejemplo los rockers, los mods, los siniestros o los heavys, que además tenían su propia forma de vestir e incluso de vivir.

Un hecho hasta cierto punto curioso era que en buena parte de aquel nuevo lenguaje se entremezclaban de manera natural lo moderno y lo castizo, algo que sucedía también en los diálogos de las primeras películas del hoy multipremiado Pedro Almodóvar, en los contenidos de programas míticos como La bola de cristal, o en las letras de determinados grupos musicales, como Gabinete Caligari o Alaska y Dinarama.

Otra peculiaridad ochentera era que el vocabulario alternativo que estaba naciendo entonces estaba conformado mayormente por palabras en castellano, con una presencia muy poco relevante del idioma inglés, a diferencia de lo que empezaría a ocurrir luego poco a poco y de manera progresiva en las generaciones posteriores. Curiosamente, sí se empleaba una expresión anglosajona para definir a quienes habíamos nacido entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, pues nos llamaban los 'Baby Boomers'.

Al no existir aún las redes sociales en el penúltimo tramo del siglo XX, jugaban un papel esencial en la difusión de cada jerga específica tanto la televisión como el cine y la música, así como también los fanzines o los espacios culturales. No hay que olvidar, por otra parte, que hasta la llegada de las televisiones autonómicas y de las cadenas privadas, en España sólo había dos canales, ambos de RTVE, por lo que cualquier programa de éxito de La 1 o de La 2 podía congregar todavía en los años ochenta a millones de espectadores y potenciar el uso de expresiones como las ya citadas.

UN NUEVO LENGUAJE

Los 'Baby Boomers' darían paso a la Generación X, que a su vez sería relevada por la Generación Y, también conocida de los 'Millennials', que poseían asimismo un lenguaje propio, aunque quizás no tan rico ni tan variado como el de sus padres o sus abuelos. Siguiendo la lógica del abecedario español, poco después llegaría la Generación Z, formada por quienes nacieron entre finales del siglo pasado y principios del actual.

El vocabulario de los integrantes de la Generación Z es usado también hoy por los miembros de la Generación Alfa, conformada por los niños y los adolescentes que nacieron a partir de 2010. De ese modo, dicho vocabulario tiene más que garantizada su permanencia en los próximos años, con independencia de que puedan ir surgiendo o no nuevas palabras a partir de ahora.

Enumerar y definir aquí todos los términos que utilizan los miembros de la Generación Z sería una tarea casi imposible, por lo que en este reportaje sólo se hará referencia a los conceptos y a las expresiones más comunes y populares entre los jóvenes de hoy, tanto en su día a día como en las redes, unos conceptos que en muchas ocasiones tienen que ver sobre todo con los sentimientos o los afectos entre dos personas.

Así, cuando un joven siente un cariño especial por alguien, ese alguien es su BAE, acrónimo de la expresión inglesa "before anyone else" —"antes que nadie"—, aunque también puede ser su crush, es decir, su amor platónico. Sin salirnos aún del ámbito romántico, se encuentra el neologismo shippear, que es apoyar una posible relación de pareja, ya sea de personas famosas o de personas muy cercanas. Y si hablamos sólo de amistad, los veinteañeros utilizan bro, diminutivo de "brother" —"hermano"—, para referirse a un buen amigo, en lugar de emplear palabras como tío o colega.

Si nuestros hijos nos envían al móvil un LOL en lugar de un "ja, ja, ja" en respuesta a un comentario gracioso nuestro, ese acrónimo significa "laughing out loud" —"reírse fuerte"—. Otro acrónimo que denota buen rollo es PEC, que son las siglas de la expresión "por el culo", que los jóvenes emplean cuando algo les gusta mucho. Y si esos mismos jóvenes están de chill, ello significa que están relajados por estar con amigos o en algún lugar que les gusta.

PRESENTE Y FUTURO

La demostrada presencia del idioma inglés se percibe también en otras palabras. A modo de ejemplo, podemos citar random, como sinónimo de algo poco habitual; cringe, como algo que provoca vergüenza ajena; o hype, como expectación ante alguna novedad, ya sea el estreno de una película o la edición de un disco. La lengua de Shakespeare se visiona igualmente al usar aesthetic, que es una forma de vestir agradable, o al emplear la fórmula tener flow, que significa tener estilo o carisma.

Paralelamente, stalkear es esencialmente cotillear, sobre todo por las redes, mientras que se utiliza la palabra mood para hablar del propio estado anímico. Curiosamente, un término que se ha acabado convirtiendo ya en un clásico incluso entre los adultos es hater, que es un odiador o un criticón. Una última muestra de la preponderancia de la cultura anglosajona sería el del empleo de Mordor para definir un lugar lejano o de difícil acceso, a modo de homenaje implícito a la trilogía de El señor de los Anillos.

Pese a los citados ejemplos, el futuro del rico idioma castellano no corre ningún peligro entre los más jóvenes, al menos por ahora, pues tres de las palabras más empleadas por ellos son en la lengua de Cervantes. Ahí están salseo, que hace referencia a algún tipo de polémica o de controversia en las redes; viejuno, para adjetivar algo pasado de moda o anticuado, y, sobre todo, en plan, como sinónimo de 'es decir' o de 'por ejemplo', que quizás sea, además, la expresión más utilizada por la Generación Z.

Con independencia del argot propio de cada generación, es posible que jóvenes, adultos y mayores puedan compartir al mismo tiempo determinadas expresiones al margen de la lengua oficial, siempre y cuando se den las circunstancias adecuadas. Así ocurrió en su momento cuando, en los años noventa, apareció la figura del gran humorista Chiquito de la Calzada, cuyas palabras y frases surrealistas eran utilizadas, y siguen siéndolo todavía hoy, por personas de todas las edades.

De ese modo, han quedado ya inmortalizados modismos de Chiquito como "a condemor", "fistro", ¡al ataquerrr!" o "no puedo, no puedo", o frases hechas como "trabajas menos que el sastre de Tarzán", "pecador de la pradera", "¿te das cuen?" o "nació después de los dolores". Por otra parte, el gran éxito de algunas películas norteamericanas ha hecho que se hayan incorporado al lenguaje cotidiano expresiones como "se puso como la niña de El exorcista" o "aquello parecía el camarote de los hermanos Marx", en referencia a una de las secuencias más famosas de la película Una noche en la ópera.

UNA VISIÓN CIENTÍFICA

El profesor de Antropología de la UIB, Alexandre Miquel, explica a mallorcadiario.com que cada generación ha tenido siempre su propia jerga, "incluidas también las generaciones de nuestros padres o de nuestros abuelos", si bien la situación actual es algo diferente a la que había en los años setenta y ochenta del pasado siglo. "Antes el lenguaje iba por barrios, en sentido literal y en sentido más amplio", afirma. Por tanto, en cada ciudad, "el slang —jerga— que se hablaba en los barrios de clase trabajadora era diferente al que se hablaba en las barriadas en donde había otras clases sociales".

En la actualidad, las redes sociales sirven como elemento unificador, "al menos hasta cierto punto", pues muchos jóvenes "hablan en una especie de lingua franca conformada no sólo por expresiones verbales o expresiones escritas, sino también por abreviaturas y emojis". A ello habría que añadir el uso de términos que hoy tienen un valor polisémico, como por ejemplo 'woke', "que puede significar una cosa y su contraria en función de quién lo utilice".

En el caso de España y de otros países mediterráneos, un elemento añadido diferencial en el pasado era el uso de palabras del caló —habla de la población gitana—, como queli, gachí, parné, nasti, camelar, pinrel o julay, "que funcionaron como jerga de toda una generación".

Desde una perspectiva histórica ya más global y amplia, Alexandre Miquel recalca que incluso podría decirse que los jóvenes de la Antigüedad o del Imperio Romano tenían sus propias jergas, como evidenciarían determinados murales y pictogramas que han llegado hasta nuestros días. Por último, este reconocido docente hace referencia a la importancia que han adquirido los grafitis para las generaciones más recientes. "Los grafiteros dicen que ellos no pintan, sino que escriben", señala, para concluir: "Si uno se fija, es cierto que los grafitis van creando un lenguaje nuevo, que fundamentalmente va contra la prohibición de pintar allí donde uno desee".

Si a lo largo de los siglos cada generación ha tenido siempre su propio léxico, no cabe duda de que seguirá siendo así en el futuro, con la llegada de nuevos y sorprendentes vocablos en los distintos estratos sociales. Decía el gran filósofo renacentista Michel de Montaigne que el lenguaje que a él más le gustaba era un lenguaje "sencillo y espontáneo, lo mismo en el papel que en la boca, un lenguaje suculento y nervioso, conciso y apretado". Así pues, en el siglo XVI había ya pensadores dabuten o que tenían flow, sobre todo en sus escritos y sus ensayos.

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