La Policía Local de Palma ha llevado a cabo una campaña intensiva de control del uso de patinetes eléctricos por la calles de la ciudad. Como resultado, durante los siete días que ha durado la campaña, los agentes han impuesto un total de 73 denuncias, fundamentalmente, por circular por zonas reservadas para peatones o ir por la calzada de los coches; apenas media docena se han impuesto por no utilizar la mascarilla.
El número de multas puestas en esta campaña de siete días, prácticamente dobla el total de las sanciones impuestas en Palma durante todo el año anterior por el mismo concepto. Concretamente, desde la aprobación de la nueva ordenanza en junio de 2019 -aunque entró en vigor en noviembre- se habían impuesto hasta agosto de 2020 tan sólo 49 sanciones por el uso inadecuado de patinetes eléctricos y segways, 24 multas menos en un año que todas las impuestas en una semana.
La operación municipal acometida ahora representa, por tanto, un salto cualitativo importante en la acción policial contra la inseguridad que representa el mal uso de este tipo de vehículos. Y va en la dirección correcta para salvaguardar la tranquilidad de muchos peatones que, a menudo, se ven acosados por los usuarios de patinetes eléctricos, ya sea por circular por las zonas delimitadas para los transeúntes como por la velocidad con que discurren.
Hace unos días, mallorcadiario.com se hacía eco del caso de Marta, una mujer que sufrió graves heridas después de ser arrollada por dos adolescentes que circulaban subidos a un mismo patinete por el Parc de Ses Estacions y que se dieron a la fuga tras el accidente. El impacto provocó que saliera despedida, perdiera el conocimiento y resultase con una mano rota. Ahora busca colaboración ciudadana -y ayuda de los agentes para que revisen las cámaras de seguridad- a fin de identificar a los culpables y poder poner una denuncia. "No pido represalias, sólo quiero justicia y sentido común", reclamaba.
Los patinetes como el que arrolló a Marta han llegado para quedarse. Son nuevas formas de movilidad que, sobre todo en las ciudades, permiten desplazarse sin las inconveniencias y limitaciones del transporte público o del vehículo privado. Son una buena alternativa, pero su uso debe ser el correcto, sin aumentar el riesgo, sobre todo, para los peatones con los que comparten espacio y que, en caso de conflicto, son siempre mucho más vulnerables. Por eso, actuaciones como reciente de la Policía Local convendría que fueran más habituales y contundentes; sin bajar la guardia.