Una veintena de los más prestigiosos epidemiólogos y expertos en salud pública españoles publicaron la semana pasada una carta conjunta en la que expresan su preocupación por la situación que registra España respecto a la gestión de la pandemia; una situación que nos ha llevado a registrar peores estadísticas que otros países de nuestro entorno próximo. La carta, publicada en The Lancet -la más veterana y prestigiosa revista de su ámbito- reclama una evaluación "independiente e imparcial" por parte de un panel de expertos nacionales e internacionales, que se centraría tanto en las actividades del Gobierno central como en las de las 17 comunidades autónomas durante la crisis del coronavirus.
El texto arranca con la descripción de la situación actual: “La covid-19 ha golpeado fuertemente a España, con más de 300.000 casos, 28.498 muertes confirmadas, y un exceso de alrededor de 44.000 muertes, a 4 de agosto de 2020. Más de 50.000 trabajadores de la salud han sido infectados, y casi 20.000 muertes se dieron en residencias de ancianos”. Lo suscriben veinte reconocidos científicos españoles con cargos en instituciones y universidades de todo el mundo entre los que se encuentran Margarita del Val, viróloga del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa; Manuel Franco, investigador de la Universidad Johns Hopkins (EE UU); Daniel Prieto-Alhambra, farmacoepidemiólogo de la Universidad de Oxford (Reino Unido); Rafael Bengoa, asesor para la reforma sanitaria de Obama; Carme Borrell, gerente de la Agència de Salut Pública de Barcelona; y Carles Muntaner, profesor de Salud Pública en la Universidad de Toronto (Canadá), entre otros profesionales de la élite científica española.
Todos ellos se preguntan -de la misma manera que hacen muchos ciudadanos- cómo es posible que España se encuentre ahora en esta situación, dado que la sanidad española se tiene por robusta y se considera de las mejores del mundo, según las clasificaciones internacionales. Los firmantes apuntan como causas la falta de preparación -con sistemas de vigilancia débiles, baja capacidad para pruebas de PCR y escasez de equipos de protección personal-, así como una reacción tardía por parte de las autoridades centrales y regionales, lentitud en los procesos de toma de decisiones, altos niveles de movilidad de la población, falta de coordinación entre las autoridades, poca dependencia del asesoramiento científico, envejecimiento de la población, grupos vulnerables que experimentan desigualdades sociales y de salud, y falta de preparación en las residencias de ancianos.
Al texto se ha sumado, este fin de semana, la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), organismo que agrupa a 46 sociedades científicas y médicas de España y que representa a más de 100.000 profesionales del todo el país.
Todos ellos insisten en desarrollar el análisis de forma independiente y apartidista. Se trata, sobre todo, de evaluar los sistemas de salud y de asistencia social para preparar al país ante nuevas oleadas de Covid-19 o futuras pandemias, identificando las debilidades y fortalezas del sistema. Es necesario sacar conclusiones que eviten la repetición de errores; aprender lecciones sobre la experiencia de lo acontecido para estar mejor preparados.
Que la élite científica del país se movilice en este sentido muestra el grado de preocupación que existe entre los profesionales acerca de la gestión de la pandemia, así como las dudas sobre la situación sanitaria actual -que vuelve a repuntar- o la incertidumbre en torno a la capacidad futura de afrontar nuevas oleadas de la enfermedad.
El Ministerio de Sanidad aún no se ha pronunciado sobre la demanda de los científicos, aunque sería una buena decisión encabezar la iniciativa. Es necesario saber lo que ha pasado durante estos meses para hallar opciones de mejora. Entender, también, qué se está haciendo diferente en España respecto a otros países cercanos que, a diferencia de nuestro país, tienen el virus controlado.
Y para eso no bastan los resortes de la administración, muy cuestionados tras conocerse la inexistencia de un comité de expertos. Al contrario, debe promoverse la creación del grupo de trabajo independiente que reclaman los científicos. Reino Unido y Suecia -con gestiones también muy cuestionadas de la pandemia- han anunciado iniciativas en este sentido. España, por los resultados que se aprecian y la preocupación creciente ante unas estadísticas que no se frenan, debería hacer lo mismo y asumir la demanda de los expertos.